Victoria regresó sola a la casa Montenegro.
El chofer le abrió la puerta, pero ella apenas lo miró al bajar. Agradeció en voz baja y entró sin esperar a que nadie la acompañara. La casa estaba igual que siempre: limpia, ordenada, demasiado grande para una mujer que ya no sabía qué lugar ocupaba dentro de ella.
Antes, ese mismo recibidor le había parecido imponente. Luego intentó verlo como hogar. Esa tarde, solo le pareció una casa ajena donde había vivido demasiado tiempo intentando merecer qu