Para sorpresa de Victoria, Adrián no se negó.—Está bien mañana iré contigo —respondió.Aun así, Victoria no sabía si había aceptado por preocupación o por obligación. Aunque su voz no mostró emoción, despertó en ella una expectativa que hacía tiempo no se permitía sentir. Aquella mañana se levantó temprano, se puso un vestido cómodo y guardó cuidadosamente sus estudios y el historial médico en una carpeta. No esperaba flores ni palabras de preocupación, solo que Adrián cumpliera su promesa.Cuando bajó, él hablaba por teléfono en la sala. Al verla, levantó una mano para pedirle que esperara y cubrió el auricular con la palma.—Saldremos en quince minutos.Victoria asintió, se sentó en el extremo contrario del sofá y colocó la carpeta sobre sus piernas.Volvió a revisar todos los documentos.La noche anterior había comprobado dos veces que estuvieran completos. También los había revisado al despertar. Sin embargo, no pudo evitar hacerlo nuevamente, como si aquel gesto fuera capaz de a
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