Victoria dejó de esperar.
No lo anunció. No hizo una escena. No cambió las cerraduras ni dejó maletas a la vista. Simplemente empezó a hacer pequeñas cosas de otra manera.
Esa mañana se levantó temprano, tomó café en la cocina y llevó su computadora al escritorio que casi no había usado desde que llegó a la casa Montenegro. Sobre la mesa colocó los planos del proyecto, una libreta con notas y varias muestras de materiales que Laura le había enviado.
Durante dos horas trabajó sin mirar el teléfo