Mundo ficciónIniciar sesiónVictoria permanecía de pie en el estudio, observando los planos extendidos sobre la mesa.
No era un proyecto capaz de cambiarle la vida. Se trataba de una propuesta para una línea de muebles de oficina y su tarea consistía en optimizar una pieza funcional. El trabajo no era demasiado complejo ni la remuneración extraordinaria, pero para ella significaba mucho más.
Tomó un lápiz, trazó una línea auxiliar sobre el plano y señaló una de las estructuras.
—Si modificamos el soporte en esta zona, podríamos reducir un poco más el peso sin comprometer la estabilidad general. También disminuiría el costo de los materiales.
Laura se inclinó para observar el lugar que señalaba y mostró una expresión de aprobación.
—Precisamente por eso insistí en buscarte —dijo con una sonrisa—. No necesito a alguien que solo sepa diseñar cosas bonitas. Necesito a una diseñadora capaz de resolver problemas de verdad.
Victoria sonrió discretamente.
—Es un proyecto pequeño.
—Pero es tu proyecto.
Laura la miró con seriedad.
—Victoria, llevas tres años alejada del diseño. No pretendo que recuperes de inmediato la posición que tenías antes. Solo quiero que vuelvas a formar parte de tu propia vida.
Su propia vida.
Victoria bajó la mirada hacia los planos. Durante los últimos tres años, casi había olvidado quién era.
Sus días giraban alrededor de los resultados médicos de Fernanda, las visitas de Adrián al hospital, las reuniones de los Montenegro y los problemas que sus padres necesitaban resolver entre ambas familias. Su tiempo y sus emociones siempre pertenecían a los demás.
Aquellos planos le recordaban que, antes de convertirse en la esposa de Adrián Montenegro, había sido Victoria Altamirano.
Había estudiado diseño industrial. Le gustaba analizar estructuras y revisar cada detalle hasta estar segura de que funcionaba correctamente. En el pasado había pasado noches enteras terminando propuestas y también había permanecido despierta por la emoción de recibir un premio.
Su mayor sueño había sido abrir su propio estudio, no convertirse en la esposa de alguien. Después guardó aquellos sueños porque amaba a Adrián.
—Todavía no estoy segura de cuánto tiempo podré dedicarle —dijo finalmente.
Laura la observó.
—¿Por Adrián?
Victoria permaneció en silencio unos instantes y negó con la cabeza.
—Por muchas cosas.
No quiso explicar más. Sus amigos cercanos sabían que había estado enamorada de Adrián durante años y que aquel matrimonio no había comenzado por amor.
Laura no insistió. Ordenó los documentos y se los entregó.
—Llévate esta parte y revísala con tranquilidad. No hay prisa. Puedes darme una respuesta la próxima semana. Victoria, no necesitas hacerlo todo perfectamente desde el principio. Lo más importante ahora no es demostrar nada, sino volver a comenzar.
Volver a comenzar.
Victoria asintió y guardó los planos dentro de una carpeta.
Mientras regresaba a casa, detuvo el automóvil frente a un semáforo en rojo.
Solo había dedicado unas horas al diseño. No había ido al hospital, acompañado a Adrián ni solucionado los problemas de nadie. Aun así, sentía culpa, como si hubiera hecho algo indebido.
Un instante después, sonrió.
Si dedicar tiempo a algo que disfrutaba la hacía sentirse culpable, significaba que llevaba demasiado tiempo olvidándose de sí misma.
Cuando regresó a la residencia, ya era por la tarde. Para su sorpresa, Adrián estaba en casa, sentado en el sofá mientras revisaba asuntos de trabajo en el teléfono. Al escuchar la puerta, levantó la cabeza.
—¿Dónde estabas?
Su tono era tranquilo, pero había una seriedad imposible de ignorar.
Victoria se quitó el abrigo y dejó los documentos sobre el mueble de la entrada.
—Fui a reunirme con una amiga.
La mirada de Adrián se posó en los documentos.
—¿Necesitas llevar planos de diseño para reunirte con una amiga?
Victoria sostuvo su mirada.
—Acepté un proyecto de diseño. Hoy nos reunimos para hablar de la propuesta.
—¿Un proyecto de diseño?
Adrián pareció sorprendido.
—Diseño industrial —aclaró Victoria—. Eso fue lo que estudié en la universidad. Supongo que no lo has olvidado.
El silencio se instaló entre ellos.
Por supuesto que Adrián lo sabía. Incluso había asistido a su graduación, aunque aquel día había ido acompañando a Fernanda.
Victoria todavía recordaba cuando bajó del escenario con el diploma entre las manos y lo buscó entre la multitud. Adrián estaba junto a Fernanda, inclinado hacia ella mientras conversaban. Ni siquiera notó cuándo Victoria pasó cerca.
Aquel día comprendió que el hombre que amaba jamás la veía. A pesar de eso, continuó amándolo.
—Pensé que habías abandonado el diseño —dijo Adrián.
—Antes sí.
Victoria sonrió suavemente.
—Ahora quiero volver a intentarlo.
Adrián se levantó y la observó.
—Victoria, si estás haciendo esto para castigarme por todo lo que ha ocurrido últimamente, no es necesario.
Ella comprendió enseguida.
Adrián creía que su regreso al trabajo no tenía relación con su amor por el diseño, sino con el aniversario, el hospital y Fernanda. Que era otra forma de llamar su atención.
Victoria sintió un profundo cansancio.
—No estoy tratando de llamar tu atención.
—Entonces, ¿por qué no me lo dijiste antes?
—¿Y qué habría ocurrido si te lo hubiera contado?
Adrián frunció el ceño.
—Soy tu esposo.
Por primera vez, Victoria no evitó la conversación.
—Adrián, si te hubiera dicho que quería aceptar un pequeño proyecto, ¿realmente me habrías escuchado hasta el final?
Adrián permaneció en silencio.
—Siempre guardas demasiadas cosas para ti.
La miró con una expresión complicada.
—¿Es por Fernanda?
Victoria apretó los documentos contra su pecho.
—No todo en mi vida tiene relación con Fernanda.
Él la observó con sorpresa.
—Estás actuando de manera extraña.
—Quizá apenas estás comenzando a notarlo.
—¿Qué está pasando? —preguntó él en voz baja.
Victoria sintió una presión en el pecho.
Durante un instante estuvo a punto de decirle que estaba cansada de esperar pequeñas muestras de atención. Casi le confesó que lo amaba desde antes del matrimonio y que no había aceptado casarse únicamente para salvar a los Altamirano, sino porque no soportaba verlo perderlo todo después de perder a Fernanda.
Pero comprendió que nada cambiaría.
—No hay nada que necesites resolver.
Pasó junto a Adrián y comenzó a ordenar los planos.
—No me gusta tu silencio.
Victoria contestó sin alterarse:
—Nunca tuvo la intención de agradarle a nadie.
Adrián la observó.
—¿Piensas continuar con esto?
Victoria colocó el lápiz junto a los planos.
—Sí. Porque quiero recuperar, poco a poco, todo aquello a lo que renuncié.
Adrián no respondió y salió de la habitación. Victoria no sabía si el proyecto tendría éxito, pero al menos había dado el primer paso. No era por Fernanda ni por Adrián. Lo hacía por ella misma. Entonces, el teléfono sonó para recordarle que tenía una cita médica a la mañana siguiente. El médico le había pedido que acudiera con un familiar para explicarles los resultados.
Después de vacilar, Victoria decidió preguntárselo a Adrián.
—¿Me acompañas?







