Victoria llegó a la reunión diez minutos antes.
No quería parecer desesperada, pero tampoco quería llegar tarde. Había revisado su carpeta tres veces antes de salir de casa y, aun así, al entrar al edificio sintió una inseguridad que le molestó reconocer.
El lugar no era lujoso, pero tenía movimiento. Personas entrando y saliendo con muestras, planos, carpetas y computadoras. Nadie sabía quién era Adrián Montenegro. Nadie la miraba como la esposa de alguien ni como la hermana de Fernanda.
Ahí s