*CAPITULO 9: LA NIÑA*
El regreso al refugio fue silencioso.
Sarah conducía la moto vieja a toda velocidad, mientras Santi se aferraba con una mano a su cintura y con la otra al arma aún tibia.
El viento les golpeaba la cara, pero no borraba la sensación que les seguía como una sombra.
Algo no estaba bien.
Al llegar, entraron con cautela. La puerta no estaba forzada, pero el aire… el aire estaba tenso.
—Indira… —llamó Sarah con voz baja, la pistola lista.
—¡Sarah! —respondió la niñ