La noche en Danma City estaba más fría de lo habitual. El refugio permanecía en silencio, roto únicamente por la respiración entrecortada de Luna. Su cuerpo, tendido sobre una de las camas, parecía librar una batalla invisible, cada inhalación era un esfuerzo, cada exhalación un suspiro de resistencia.
Santi estaba sentado junto a ella, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas. El golpe que Iván le había propinado a Luna no solo la había dejado gravemente herida, sino que