El refugio estaba envuelto en un silencio extraño, apenas roto por el sonido rítmico de las respiraciones agitadas de los heridos. Afuera, DANMA CITY se mantenía en una calma tensa, la calma que antecede a un estallido. Después del golpe brutal que Iván había organizado, el grupo había quedado sacudido. Luna seguía luchando, su cuerpo resistía más de lo que cualquiera hubiera imaginado, aunque su piel sudaba frío y la palidez de su rostro preocupaba a todos.
Santi permanecía a su lado casi todo