La calma en el refugio era apenas un espejismo. Afuera, DANMA CITY seguía bajo la tensión de Iván y su gente, cada esquina podía ser una trampa, cada sombra un peligro. Pero dentro de esas paredes, había algo más valioso que cualquier arma: el calor de una familia que se estaba construyendo sobre la tragedia.
Santi estaba sentado en una silla vieja, apenas iluminado por la luz tenue de una lámpara improvisada. Frente a él, Zarella e Indira permanecían en silencio, con los ojos bajos, las manos