Mundo ficciónIniciar sesiónEn el venerable reino de Astara, forjado por el honor y arraigado en siglos de tradición, una sombra de desolación se cierne sobre sus imponentes castillos. El Rey yace al borde de la muerte, sumiendo a la corte en un silencio expectante. La Reina Consorte, consumida por la pena, dedica sus días a la Princesa Amaris, su única hija, mientras la formidable Reina Madre se empeña en moldearla para que sea una soberana digna, aunque su espíritu anhele más que los confines de la corte. Sin embargo, entre los pasillos de mármol y las almenas que desafían el viento, se alza el Capitán Ryke De Nyx de la Guardia del Cuervo. Un hombre de acero, lealtad inquebrantable y una disciplina forjada en la batalla. Para Ryke, Amaris no es más que una princesa mimada, ajena a las brutales realidades que acechan las fronteras de Astara. A su vez, Amaris ve en el Capitán la personificación de la rigidez y la mentalidad arcaica que, a su juicio, frenan el progreso del reino. Su primer encuentro, marcado por un malentendido fortuito, siembra una rivalidad inmediata, cargada de agudas réplicas y miradas desafiantes. Pero cuando el destino del reino pende de un hilo, con la muerte real acechando y las intrigas palaciegas en su apogeo, Amaris y Ryke se verán forzados a unirse. En la adversidad, bajo el peso de una corona que exige sacrificios impensables, sus percepciones se desmoronarán. Las palabras de dolor y los sentimientos distantes darán paso a una tensión innegable, a un respeto forjado en el fuego de la batalla y, finalmente, a la ineludible atracción de un romance prohibido. ¿Podrá este amor florecer, o Astara sucumbirá antes de que sus corazones se rindan?
Leer másLa Feria de las RevelacionesLa duda seguía sembrada en mi cabeza. ¿Celos? Pasé la noche entera pensando en ello, antes, durante y después de la cena en Aethelgard. Y Adel parecía darse cuenta. Con una sonrisa y mucho disimulo, le inquirió a mi abuela que yo solo estaba cansada por el viaje, al igual que ella, y con ruegos y gran destreza logró convencerla para que me quedara en su habitación con ella. Estaba agradecida por el respiro de la soledad de mis propias aposentos y la oportunidad de hablar libremente con mi prima. Luego de habernos cambiado nuestras ropas por un camisón más holgado para poder descansar, y sin nadie cerca, ni siquiera mis damas de mayor confianza, Adeline se aventuró:__Estás pensando en ello, ¿verdad? __dijo con una sonrisita que no dejaba lugar a dudas.__¿Cómo no hacerlo, Adel? __pregunté con furor, aún dudando lo dicho por ella en el jardín. La idea era tan ajena a mi entendimiento de Ryker y de mí misma.Ella sonrió como si estuviera confirmando algo.__
El Reencuentro y la Semilla de la DudaNo hice escándalo ni el más mínimo gesto de indignación pública. Solo seguí caminando después de la cena, mis pasos firmes, aunque mi mente ya formulaba las palabras de la inminente confrontación. Tendría una charla con el Capitán De Nyx, y por Dios, sería extensa. El Barón Ery parecía no darle importancia a lo dicho por Ryker, seguramente pensando que era una excentricidad protocolaria del Capitán, o simplemente eligiendo ignorar la discordia en su mesa.Con una sonrisa, nos despedimos del Barón, quien nos acompañó hasta la residencia. Fue un gesto cálido, algo que no había visto en ninguno de los hombres de la corte real. Su sonrisa genuina parecía calar hasta el alma, una pureza de intención que contrastaba con la calculada cortesía a la que estaba acostumbrada.__Descanse, Princesa __susurró con una pequeña sonrisa, sus ojos amables reflejando la luz de las antorchas.Asentí y dejé que todos entraran, quedándome en la sala, a solas con el Cap
El Imprevisto y el Barón RisueñoLos días en el castillo de mi tía, la Duquesa Alaris, habían llegado a su final, marcados por un viaje de dos días de ida y vuelta y una estancia de dos días en la fortaleza de montaña. Mis damas de compañía habían preparado todo con la eficiencia habitual, y yo estaba ansiando poder encontrarme con Adeline , quien en su última carta relataba que pronto volvería al castillo de Astara luego de su boda. Era una de mis primas, pero desde su matrimonio no la había visto, y esta vez, regresaría llevando un bebé en su vientre. De repente, todo lo demás se me había olvidado. Ella no era solo mi prima; Era como una hermana, nos habíamos criado juntas y compartíamos las mismas responsabilidades y sueños.Su padre era el hermano menor del mío, y su madre, la hermana mayor de la mía. Ambos fallecieron de una manera muy escandalosa, de una enfermedad súbita que levantó un gran revuelo en el castillo. Pronto se supo que uno de los duques, hermano de nuestro abuelo,
Reflexiones y ResentimientosAmarisLas luces del castillo reflejaban todo desde el lugar en el cual estaba, su candelabro colgaba como una joya brillante en el techo abovedado. Respiré hondo y me alejé de aquel pasillo, dejando atrás a las dos figuras que lo cruzaban: Ryker y Lady Elara. Mi vestido de seda rosa, suelto y de mangas largas, permitía que mi silueta se desvaneciera con gracia en la penumbra, lejos de su molesta cercanía. Aún recordaba el sermón que mi madre me había dado. No hacía las cosas porque pensara exactamente como ella, sino porque creía firmemente en lo que mi abuela decía. Lo hacía para cuidar la Corona, para proteger nuestro legado, para cuidarme a mí misma. La idea de que mi preocupación por el Capitán De Nyx pudiera ser malinterpretada o, peor aún, que pusiera en riesgo mi reputación, era insoportable.Llegué al comedor unos veinte minutos después, esperando que todos ya estuvieran allí, y así fue. Me senté cerca de mi tía, la Duquesa Alaris, cuyo rostro ama
El Viaje a AlarisLos días pasaron, y con ellos, volvieron los muros, los distanciamientos y el frío helar de la situación palpable entre Amaris y yo. Estaba claro que yo era solo un simple guardia, un servidor de la Corona, y siendo honesto, no me sentía mal por aquello. Más bien, me reprochaba a mí mismo haber permitido, por un momento fugaz, que la noble Princesa se acercara tanto a mí, por haber abandonado mi puesto, mi deber. Eso, lo tenía claro, no volvería a ocurrir. La disciplina y la lealtad eran mis pilares, y una momentánea debilidad no podía derribarlos.Seguíamos manteniendo la distancia, un acuerdo tácito que nos convenía a ambos, o eso creía yo. Y gracias a los cielos, no habíamos vuelto a ir a ninguna misión juntos hasta ese entonces. La Reina Madre Leticia apareció tan impecable como siempre, la cabeza en alto, su porte majestuoso, y sus joyas reluciendo con cada movimiento, atrapando la luz como estrellas diminutas. Amaris entró seguida de ella, replicando alguna que
La Grieta en la MurallaMe sentía afectado por aquel malestar. Estaba sentado cerca de donde me había sentido mareado, cansado, y ahora sudaba aún más debido al calor del lugar. Sentí cómo todo se movía, cómo me balanceaba hacia adelante y hacia atrás, esforzándome por no caer. Mi visión periférica bailaba con puntos negros, y el murmullo de la feria se distorsionaba en un zumbido distante.__El médico irá hasta sus aposentos, Capitán. Sería mejor que volviera a estos__dijo la Princesa Amaris, su voz suave, inusualmente gentil. Me sorprendió ver una pequeña sonrisa dibujarse en sus labios, una que no era de burla ni de condescendencia, sino de genuina preocupación.Era extraño. Era la primera vez que la rivalidad habitual entre ambos parecía disiparse, reemplazada por una especie de tregua inesperada. Asentí, demasiado agotado para articular una respuesta. Con la ayuda de uno de los guardias en los que más confiaba, el Teniente Gareth, me dirigí con paso lento y vacilante hacia mi habi
Último capítulo