Mundo ficciónIniciar sesiónAhora hay una nueva raza entre los humanos, los llaman los inmunes y se dice que tienen habilidades especiales pero las personas se niegan rotundamente a aceptar sus existencia y lo consideran solo un mito. Eiren Russell es una inmune, una chica un tanto torpe pero inteligente que junto con su amiga Ivy Abbot también inmune, se dedican a aprender a usar sus poderes. Un día son reclutadas por el gobierno de los Estados Unidos para aprender a dominar sus poderes y así ayudar a los inmunes rebeldes a entrar en razón. Al entrar al campo de entrenamiento, conoce a Ryder Owens un chico apartado y frío, también conocerá secretos que nunca debieron ser descubiertos. ¿Estas listo para la acción?
Leer másDominik Albrecht
Miro al hombre frente a mí, y no veo más que una manzana podrida.
Un cascarón arrogante cubriendo años de corrupción y decadencia. El maldito presidente de este país.
A su lado, con una sonrisa demasiado cómoda para mi gusto, está su hijo: Isaak Klein. Heredero de sus vicios, su ambición y, probablemente, de sus secretos más oscuros. Ambos hombres habían llegado a mí tras una breve conversación mantenida en su última gala de caridad —un evento pomposo, lleno de hipocresía y vino caro— donde tuve, una vez más, el gusto de ver a su hija mayor: Hanna Klein.
Esa mujer… había algo en ella. Algo distinto, algo que la hacía resaltar incluso entre vestidos lujosos y conversaciones huecas. Rubia, de ojos azules fríos como el hielo, estatura promedio, pero con una presencia imposible de ignorar. Su carácter, por lo que había oído, era volátil, impredecible, y eso le había ganado más de un enemigo en los círculos cerrados del poder. Sobre todo entre los amigos de su padre, quienes claramente se sentían intimidados por una mujer con un cerebro funcional, capaz de cuestionarlos sin pestañear.
Y, por lo visto, su propio padre tampoco toleraba eso.
—¿Y bien? —pregunto, impaciente, dejando claro que no tengo tiempo para rodeos.
No me gustaba que me hicieran perder el tiempo. Menos aún si se trataba de un hombre al que podría destruir con un simple chasquido.
—He escuchado rumores de que necesitas una esposa —dice Isaak, esbozando una sonrisa que no alcanza sus ojos—. Y urgentemente.
Me recuesto en mi silla, jugando a considerar sus palabras. Los rumores no estaban del todo equivocados. Efectivamente, necesitaba una esposa, o al menos la apariencia de una, para consolidar ciertos acuerdos y tranquilizar a algunos sectores de mi imperio. Pero si realmente quisiera acallar habladurías, podía hacerlo con solo levantar el teléfono. Nadie en esta ciudad se atrevía a cuestionarme sin consecuencias.
Lo que no sabían era que ya había fijado la mirada en lo que quería desde hacía meses.
—Es cierto —respondo al fin, como si apenas ahora lo estuviera reconociendo.
El rostro de Isaak se ilumina brevemente. Por más que intenta disimularlo, la ambición le traiciona. Cree que está ganando, que está un paso delante de mí. Pobre idiota.
—Nosotros tenemos una esposa para ti —dice entonces, como si fuera una oferta irrechazable—. Será buena, obediente. Hará lo que le pidas. Es bonita, puede darte hijos… eso es lo que necesitas, ¿no?
Mis dedos acarician con calma el mango del arma bajo mi escritorio. El bastardo está desesperado. Tanto, que está dispuesto a venderme a su propia hermana a cambio de silencio. Porque sabe que yo conozco sus secretos. Especialmente ese secreto.
Pero la verdad es que yo no era mejor que él.
Porque yo la quería. No por conveniencia, ni por alianza. La quería para mí.
—Tu hija, a cambio de mi silencio —sentencio, dejando las cartas sobre la mesa.
El problema con los hombres ambiciosos es que, cuando se obsesionan con lo que quieren, se olvidan de cuidar su espalda.
Me inclino hacia ellos, esbozando mi mejor sonrisa.
—La boda se celebrará esta semana.
Ambos sonríen. Creen haber ganado.
Pero como siempre, eran solo piezas en mi juego. Y en mi juego, nadie da un paso sin que yo lo permita.
Así que, Hanna Klein… ser mía nunca fue una opción.
Fue una certeza.
Habíamos logrado alquilar un casa, con los cuartos suficientes para que todos tuvieran su espacio personal, Roger se la pasaba jugando video juegos con Lev, en cambio Wilson pasaba la mayor parte del tiempo con Ivy al igual que Ryder conmigo.Todos estábamos felices de la vida que estábamos formando, ¡libres por fin! Hace unos días fui ala universidad para inscribirme junto con Ivy.—hola preciosa —Ryder me abrazo por atrás y deposito un cálido beso en mi oreja.Yo sonreí sin poder evitarlo y me gire para darle un beso en sus labios, Ryder gruñó al sentir como profundizaba más el beso.—¿podrían dejar de intercambiar baba? Estoy a punto de comer —dijo L
Un pequeño sonido me despertó, era suave pero constante, se escuchaba como un "bip bip" sentía mi cuerpo frío y sin fuerzas, abrí mis ojos y me asuste al ver que estaba en la capsula en que Carol me había metido.Con todas mis fuerzas empuje aquella máquina, haciéndome caer en el frío suelo, estaba totalmente desnuda y mi piel tenía un leve color morado debido el frío que sentía, con pasos torpes me pare del suelo y busque algo con que tapar mi desnudez, encontré una delgada bata de laboratorio y me la puse con dedos temblorosos.Tenía miedo, ¿donde estaban los demás? ¿Habían muerto? ¡¿Donde esta Carol?! Un sin fin de preguntas invadieron mi mente pero un ruido me desvío de mis pensamientos, una puerta se hab&ia
Me encontraba en mi hogar, todo era tal y como lo recordaba.—cariño —podía reconocer esa voz donde quiera que fuera.—¡mamá! —grite con alegría mientras corría a sus brazos.Inhale su aroma grabando aquel momento en mi memoria, la extrañaba demasiado.—¿estoy muerta? —pregunté asustada.—me temo que si cariño, pero no hay nada de que temer aquí estamos contigo —respondió mi madre acariciando mi cabello.Se alejo de mi unos pasos y me miró de pies a cabeza mientras u
—¡llegamos! —grito Roger entrando a la habitación.Ivy soltó un grito ahogado al ver a Eiren en mis brazos con una bala en su pecho, abrace el cuerpo de Eiren con más fuerza y llore con más fuerza al darme cuenta que ya no sentía su respiración.—¿esta muerta? —pregunto Lev con voz rota.Yo solo pude asentir con la cabeza mientras maldecía ala maldita de Carol, ¡me había quitado lo único que me importaba! Un agujero se abrió en mi pecho dejándome sin aliento y con mi interior destrozado.—no, ¡no puede morir! —grito Ivy con dolor mientras caía de rodillas al suelo.Eiren ten&ia
Último capítulo