XX

La Feria de las Revelaciones

La duda seguía sembrada en mi cabeza. ¿Celos? Pasé la noche entera pensando en ello, antes, durante y después de la cena en Aethelgard. Y Adel parecía darse cuenta. Con una sonrisa y mucho disimulo, le inquirió a mi abuela que yo solo estaba cansada por el viaje, al igual que ella, y con ruegos y gran destreza logró convencerla para que me quedara en su habitación con ella. Estaba agradecida por el respiro de la soledad de mis propias aposentos y la oportunidad de h
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