Mundo de ficçãoIniciar sessãoZander Crow sabe que su manada es rebelde por naturaleza. Están acostumbrados a conseguir lo que quieren sin importar el costo. Pronto, la manada rival que han enfrentado durante casi toda su vida obligará al Alpha de la manada Rair a ceder en algo que con el tiempo les causará muchos problemas. Por otro lado, debido a la constante afluencia de turistas visitando Sheridan, los lobos se ven obligados a comportarse como humanos. Sin embargo, con la llegada de unas mujeres, el comportamiento de la manada se verá afectado. El deseo y la urgencia por reclamarlas los dejará en desventaja constantemente. Un demonio de diez mil años vuelve a la vida, deseoso de apoderarse de Sheridan y convertirse en el único rey de esas tierras. Sin embargo, sus planes se ven frustrados al formar un vínculo con una humana, lo que lo llevará a intentar mantenerla cautiva. ¿Podrá Zander controlar sus propios deseos desesperados de reclamar a una simple humana? Y sobre todo, ¿podrá controlar a su manada y superar la debilidad innata que todo lobo tiene por dominar?
Ler maisEl primer paso fuera del palacio no fue un paso; fue una liberación.La puerta, que antes parecía devorar la luz, era ahora solo piedra herida. Fragmentos ennegrecidos colgaban como dientes quebrados de una bestia muerta, y el umbral ya no vibraba con esa presión invisible que los había mantenido al borde del colapso.Hans cruzó primero. No por una cuestión de rango, sino por una necesidad física de aire. El viento lo golpeó en el rostro, frío, punzante, real. Sus pulmones se expandieron en una bocanada desesperada, como si por primera vez en siglos pudiera respirar sin sentir que una presencia ajena lo observaba desde sus propias entrañas.Detrás de él, la manada emergió con lentitud, cautelosos, como si esperaran que el suelo volviera a traicionarlos bajo sus pies. Arcelia fue la siguiente. Sus ojos recorrieron el horizonte, listos para la amenaza, pero algo en su expresión se suavizó de inmediato.—Míralo… —murmuró, casi sin aliento.Hans alzó la vista. Y entonces lo vio, el
Las ruinas del palacio ya no se sentían como una prisión, sino como el mausoleo de una era que se negaba a morir y que, finalmente, había descansado. Los muros, que antes latían con una malevolencia orgánica, eran ahora simple piedra inerte, desmoronándose bajo el peso de su propia historia. El silencio que inundaba la sala no era el vacío de la muerte, sino la paz que sigue a una tormenta que duró siglos.Hans ayudó a Zuke a ponerse en pie. Sus manos se encontraron y el contacto fue eléctrico, pero no por el poder, sino por la humanidad. Él la sostuvo con una firmeza que decía más que cualquier palabra, asegurándose de que sus pies realmente tocaran tierra firme.Zuke se tomó un momento para observar sus palmas. Sus venas ya no ardían con el brillo febril del palacio; ahora, una energía suave, un matiz plateado y cobrizo, fluía bajo su piel. Era una fuerza mansa, una corriente que ya no intentaba desbordarla, sino que la acompañaba.—Se siente... diferente —susurró ella, cerrando
—Ineficiente… inestable… —sentenció la entidad.Se movió con la intención de absorberlo todo. Una presión absoluta descendió sobre Zuke, intentando reclamarla, convertirla en un canal vacío para su voluntad.—¡Zuke! —el grito de Hans fue ahogado por el vacío.Aemin lanzó una llamarada desesperada; Kael ordenó la retirada; Arcelia se plantó como un muro. Pero nada servía. La entidad no podía ser destruida desde el exterior. Zuke soltó un grito de resistencia pura. La energía explotó, pero no hacia afuera, sino hacia el centro de su propio ser.El mundo se detuvo. Literalmente. Todo quedó suspendido en un fotograma de caos congelado.Zuke abrió los ojos. Ya no eran dorados ni oscuros. Eran ambos, fundidos en una mirada calma, firme y profundamente humana.—No voy a elegir entre ustedes —sentenció.—Error… —rugió la entidad.—No. Corrección.Zuke alzó las manos. La luz y la oscuridad dejaron de orbitar con violencia y se alinearon en una armonía geométrica.—El equilibrio nunca f
De pronto, el tiempo pareció congelarse. Las sombras se detuvieron en mitad de un zarpazo. El fuego de Aemin se desvaneció. El aire se volvió denso, difícil de tragar.Una figura emergió del fondo de la sala, caminando con una parsimonia aterradora. Kerpes. Pero se veía distinto: su presencia era más tenue, menos tiránica. Parecía… humano.Hans se tensó de inmediato.—Tú…—No vine a pelear —dijo Kerpes, con una voz que carecía de su habitual veneno.—Siempre dicen eso antes de matar —escupió Kael.Kerpes lo ignoró. Sus ojos se clavaron en Zuke y, por primera vez, hubo algo parecido a la compasión en su mirada.—Así termina… —murmuró.—No —respondió ella desde su trono—. Así empieza.Kerpes negó con lentitud.—No lo entiendes. Yo tampoco lo entendía.—¿De qué hablas? —exigió Hans.Kerpes desvió la vista hacia las paredes latentes del palacio.—Del ciclo. Del sistema que nos convirtió en esto. Yo no elegí este camino; fui empujado. Exactamente como tú.Zuke no respondió, pero su e
Último capítulo