Capítulo 40: Alianzas rotas y planes secretos.
La mansión en Nueva York se sentía más como una fortaleza sitiada que como un hogar esa mañana, con guardias apostados en cada esquina y el eco distante de explosiones recordando que la guerra chechena no daba tregua.
Viktor se paseaba por la oficina con el teléfono pegado al oído, su voz ronca y endurecida mientras confrontaba a Volkov, el padre de Anastasia, en una llamada que había estado posponiendo demasiado tiempo.
—Volkov, escúchame bien—, gruñó, su mandíbula tensa como un cable de ace