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Capítulo 39: Sangre familiar y odio puro.

La mansión amanecía en silencio sereno esa mañana. Sofía se despertó con Viktor a su lado, su aliento ronco contra su cuello. Recordó la revelación de Anastasia, la víbora ayudando chechenos. Su poder bullía, pero algo latía diferente en su corazón. Se levantó, besándolo suavemente, esta vez un despertar más común.

—Hoy ganamos—, susurró juguetonamente.

Viktor gruñó, abrazándola posesivo, su mano se desliza por su espalda rellenita apretando los rollitos con cariño.

—La reunión con Leonid es clave. Quédate segura.

—¿Te vas ya?— pregunta Sofía levantándose de la cama junto con él.

Viktor asintió, se bañó y se puso su mejor pinta, traje vinotinto elegante. —Volveré en un par de horas y te comentaré del asunto.

Sofía asintió y le dio un último beso antes de salir de la habitación y salir de la mansión con Dimitri.

Salió a las calles, guerra rugiendo. Sofía paseó por la mansión, comienza a imaginar planes, girando en su mente. La colaboración la hacía sentir fuerte. Pero la celda de su padre la llamaba, un eco de familia rota y dolorida.

Bajó al sótano, encontrando a su padre encadenado.

—Mija, libérame—, suplicó él, ojos hundidos. Sofía sintió piedad, fue su papá, el que le dio la vida.

—¿Por qué me traicionas de nuevo?

Él lloró, culpando deudas. Ella tocó su mano, dividida.

_____

En otro lado, Dimitri irrumpió con noticias urgentes.

—Chechenos atacan. El padre de Sofía... ayudó a escapar anoche. Viktor se le subió la sangre y esta vez no fue en otro lugar, la vena de la sien le palpita de ira, le ordena a Dimitri cortar la reunión y se dirigen directamente a donde está padre de Sofía. Viktor volvió furioso, abriendo la puerta de golpe y los tacones de sus zapatos sonando como sentencia llegando a Sofía.

—Lo traerán aquí. Acabemos esto.

Sofía jadeó, el corazón latiendo rápido.

—No lo mates... por favor—, rogó, pero él la miró fríamente.

El padre llegó atado, magullado por la recaptura.

Viktor lo empujó al salón, pistola en mano.

—Traicionaste por última vez—, gruñó cruel. El padre miró a Sofía, suplicante.

—Mija, perdóname. Es por tu mamá.

Ella dio un paso, lágrimas picando, su nariz ya roja de la emoción, su corazón palpita rápidamente con las rodillas temblando y un frío recorriendo su médula espinal.

Viktor apuntó, su expresión hielo puro.

—Por protegerte, Sofía. No hay vuelta atrás.

El disparo resonó, sangre salpicando el piso. El padre cayó inerte, ojos abiertos en shock. Sofía gritó, cayendo de rodillas.

—¡No! ¡Viktor, no! ¿Qué hiciste?

Se levanta de nuevo con las piernas temblorosas, corrió hacia donde Viktor estaba, empujándolo con furia.

—¡Monstruo! Era mi padre, un maldito adeudado, pobre, pero mío.

Lágrimas corrían, el sufrimiento la quebraba. Viktor flaqueó, pistola cayendo.

—Lo hice por ti... para acabar la traición. Ella lo golpea en su pecho, con puños débiles y sin fuerza.

La tensión explotó en caos.

Viktor la levantó, llevándola al dormitorio.

Sofía lo mordió en el hombro, con el odio puro bullendo.

—No te perdono—, susurró con voz temblorosa, pero Viktor sólo hizo lo que creyó que le haría olvidar el momento, la empuja contra la cama y la penetró profundo, gruñendo su nombre. Sofía arañó su espalda, marcándolo con líneas rojas, dejándole no sólo una marca suya, sino también hacerle sentir el dolor que ella apenas estaba procedando.

—Te odio...—, jadeó, pero se arqueó contra él.

Viktor siente que las lágrimas le pida en la comisura de sus ojos, lágrimas cayendo en su piel.

—Perdóname, reina—, suplicó, embistiendo más.

Ella lo volteó, montándolo con venganza. Lo cabalgó duro, provocándolo al borde.

—Mírame romperte—, murmuró traviesa en furia.

Viktor gemió, lágrimas ricas de placer y culpa.

Sofía llegó al clímax gritando, él siguiéndola.

Colapsaron, sollozos mezclados. El odio puro se disipó un poco, pero el dolor quedó.

Sofía se apartó casi con brusquedad, vestiéndose temblorosa.

—Lo mataste delante de mí. ¿Cómo sigo?

Viktor se arrodilló, vulnerable de nuevo.

—Fue por protección. Los chechenos escalan. Ella lo miró, corazón latiendo diferente. No amor aún, pero roto por la pérdida.

Dimitri llamó, bombardeo checheno a aliados.

Viktor se endureció, frío volviendo.

—Volkov traiciona, al parecer Anastasia no quedó contenta con tu elección, y le fue a llorar al padre... Su alianza se rompe por Anastasia, así que hemos perdido a un aliado potencial. Sofía sintió el tablero tambalear. Torres cayendo en el ajedrez mafioso. Ella comenzó a pensar una vez más, planeando en silencio, el poder bulliendo oscuro y lento.

La noche trajo más ataques. Sirenas lejanas, explosiones distantes. Sofía veló al padre muerto, sufriendo sola.

—Adiós, papá—, susurró, lágrimas cayendo.

Viktor la encontró, abrazándola con frialdad pero a la vez, había un calor interno, uno que él no va admitir después de lo que hizo y tampoco se le ocurre otra forma de disculpa.

—No llores. Es el precio.

Ella lo empujó, pero se rindió al abrazo. El sufrimiento la cambiaba sutil. No asesina, pero más dura. La guerra escalaba, chechenos presionando. Anastasia acechaba, venganza rubia. Sofía juró dominar más.

Leonid mandó mensaje.

—Reunión urgente. Volkov fuera.

Viktor sintió un poco de celos, Sofía asiente levemente. Usaría todo para su movimiento de reina. El padre muerto era el catalizador. Odio puro enfriándose en estrategia.

Esa noche, Viktor durmió inquieto, con la pistola cerca, puesta en la mesita de noche. Sofía lo observó, con el corazón latiendo diferente. Mañana, confrontar a Volkov. Perder rutas, ganar poder. La mansión un fortín asediado. Ella, emergiendo con más fuerza.

El sufrimiento por el padre dolía hondo. No resentimiento constante, solo grief fresco. Viktor se volvió frío otra vez, como al principio. Sofía sintió el cambio, bullendo dentro. La traición de Volkov confirmada, evidencia en un email.

Torres cayendo, juego intensificándose.

Anastasia llamó anónima.

—Pagarás por echarme.

Sofía colgó la llamada con indiferencia, ya planeando venganza sutil. Chechenos bombardeaban, hombres muriendo. Viktor ordenó contraataques.

Sofía sugirió.

—Usar a Leonid para flanquear.

Él asintió, besándola posesivo.

La guerra rugía afuera. Familia perdida, pero control ganado. Anastasia y Volkov acechaban.

Sofía latió diferente, cerca del amor. Pero el sufrimiento la endurecía y todavía sintiendo el final feliz lejano, pero que ahora han salido cicatrices frescas.

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