Mundo ficciónIniciar sesiónSofía debía un millón que nunca podría pagar. Viktor Ivanov, el jefe de la mafia rusa más temido de Nueva York, no perdona deudas… pero esta vez decidió cobrarlas de otra forma. Una noche. Un contrato. Su virginidad a cambio de la libertad de su familia. Lo que ninguno esperaba era que el monstruo se enamorara de su presa… y que ella empezara a disfrutar de sus cadenas.
Leer másÁtico de la Torre Volkov, dos semanas después del atentado. Alexei estaba durmiendo plácidamente en la cuna, cuando de repente, una fiebre de 39.8 lo derriba como un rayo en plena noche. A las 03:17 a.m. El llanto del bebé es un cuchillo que despierta a Sofía primero. Se levanta de un salto, corre a la nursery y lo encuentra ardiendo, la carita roja, los ojitos vidriosos. —¡Viktor! ¡Llama al pediatra, ya! Ay no... Alexei está muy mal. Viktor, todavía con el hombro vendado y dolorido, agarra al niño en brazos con cuidado infinito y siente el calor que quema a través del pijamita. —Shhh, malysh (pequeño)… papá está aquí… Llegan al hospital infantil privado en menos de quince minutos, El pediatra los hace pasar inmediatamente, revisa y da los siguientes diagnósticos; infección respiratoria alta, posible neumonía incipiente, gracias a ello, es ingresado de inmediato, suero, antibióticos y oxígeno. Después de 48 horas sin dormir, Sofía y Viktor se turnan al lado de la cuna, ella cant
Dentro de la habitación VIP, hospital privado de Moscú, tres días después del atentado. Viktor ya no tiene tubos, solo un gotero de suero y una vía en el brazo bueno. Puede sentarse en la cama, aunque le duele el hombro como mil demonios. Y está aburrido… hasta que entra la enfermera de turno con la palangana y la esponja. Enfermera joven, guapa, profesional: —Señor Volkov, hora del baño. Viktor abre la boca para decir que sí, pero Sofía, que está sentada en el sillón con Alexei dormido en su regazo, levanta la cabeza como un lobo que huele peligro. —Gracias, bonita. Yo me encargo. La enfermera parpadea. —Pero es protocolo… —Protocolo nuevo: nadie toca a mi futuro marido salvo yo. Gracias. La chica sale con la palangana casi corriendo. Viktor se ríe hasta que le duele la herida. —¿Celosa, reina? —Un poquito— admite ella, acercándose con cara de mala leche y una sonrisa traviesa—. No quiero que ninguna veinteañera te vea el paquete antes que yo el día de la bo
Torre Volkov, martes 03:14 a.m. La ciudad duerme, pero el ático no. Un estruendo brutal sacude la planta 47. Cristales estallan, alarmas silenciosas se activan, luces rojas parpadean. Viktor se despierta de golpe, el instinto antes que el cerebro. Sofía ya está de pie, desnuda, pistola en la mano la guarda en la mesilla desde que nació Alexei. Otro disparo. Esta vez más cerca. La puerta del dormitorio vuela en pedazos. Cuatro hombres enmascarados entran con fusiles. Uno grita en ucraniano: ¡El niño y la mujer vivos, a Volkov muerto! Viktor se lanza sobre Sofía, la cubre con su cuerpo y rueda con ella al suelo mientras las balas destrozan la cama king size. Plumas y astillas vuelan. Alexei llora desde su habitación, al otro lado del pasillo, los llantos del niño resuenan por todo el piso. Viktor ruge como un animal herido. —¡A por el
Palacio de Congresos de Moscú, 21:47 h. Gala anual de la “Fundación Volkov” la tapadera perfecta para que toda la Bratva se ponga el traje y se haga fotos sin que nadie llame a la policía. La sala es un mar de smokings negros y vestidos caros brillantes y escotados. Champán francés, caviar del bueno, bandeja de los mejores quesos y un cuarteto de cuerda tocando algo que suena a dinero viejo. Entonces entran ellos. Primero Viktor: traje negro hecho a medida, camisa negra abierta un botón de más, la cicatriz de la ceja resaltando bajo las luces. Parece el diablo disfrazado de millonario, sin olvidar el tatuaje de telaraña en su mano que contrasta marcadamente con su piel y las luces del evento. Y a su lado… Sofía. Vestido rojo sangre, largo hasta el suelo pero con una abertura lateral que sube hasta el nacimiento del muslo. Escote profundo, espalda al aire, el pelo recogido en un moño alto que deja el cuello al descubierto. Los diamantes negros que él le regaló brillan como estre
Ático, sábado por la mañana, 08:03 a.m. La cocina huele a café recién hecho, blinis calentitos y a victoria temprana de Sofía. Alexei está en su trona nueva, con babero de ositos y la cara llena de puré de plátano. Viktor, en bóxers y con el torso tatuado todavía marcado de la noche anterior, le da avioncitos con la cuchara mientras hace ruiditos ridículos. —Abreee la boquita, malysh (pequeño)… ¡avión Volkov aterrizando! Alexei se ríe, abre grande y… de repente suelta la cuchara, mira fijamente a Sofía que está sirviendo café en camiseta oversized de Viktor y dice, clarito, con voz de ángel mafioso: —Ma...má. Silencio total. Sofía se queda congelada con la cafetera en la mano. Los ojos se le llenan de lágrimas en 0,2 segundos. —¿Ha dicho… mamá? Alexei, encantado con la reacción, lo repite más fuerte y con palmada
Después de aquella reunión y aventura familiar, Viktor, Sofía y el pequeñín regresaron de nuevo de aquel leve respiro, el regreso fue tranquilo, calmado, y muy cómodo. De nuevo en la Torre Volkov, lunes a las 09:17 a.m. Viktor está en su despacho revisando los números del trimestre cuando Dimitri entra sin llamar, algo raro en él y cierra la puerta y pone un sobre negro sobre el escritorio. —Es de los saudíes. El mismo contacto que usábamos antes de… todo. Viktor arquea una ceja. —¿Qué quieren ahora? —Quinientos millones de dólares por reabrir la ruta de armas del Mar Negro. Solo un año. Dicen que “el viejo rey” sigue teniendo buena fama y que el mercado está seco. Viktor abre el sobre. Dentro hay un contrato ya redactado, una foto de un arsenal nuevo y una nota manuscrita: "Volkov, el mundo necesita hombres como tú otra vez. Firma y serás más rico que nunca.
Último capítulo