Mundo ficciónIniciar sesiónLa mansión en las afueras de Nueva York había pasado de ser un fortín de guerra a un refugio precario en las semanas siguientes a la ruptura con Volkov, con guardias redoblados patrullando los jardines nevados y el eco de explosiones lejanas recordando que los chechenos no cejaban en su avance.
Sofía se movía por los pasillos con una gracia que había ganado a través del grief por su padre y la determinación de su nuevo poder, aunque el latido diferente en su pecho la confundía cada día más, un eco de sentimientos que no quería nombrar aún. Viktor, por su parte, se había vuelto más frío en los momentos de presión mafiosa, pero en la intimidad se rendía a ella como nunca, vulnerable bajo sus toques que lo desarmaban con facilidad. Esa mañana, sin embargo, algo cambió cuando Sofía se despertó con náuseas que la obligaron a correr al baño, su estómago revolviéndose como si guardara un secreto que no podía contener más. Se miró en el espejo del baño principal, el vapor de la ducha empañando su reflejo mientras el agua caliente corría para calmar el malestar, y una sospecha sutil se instaló en su mente, recordando los ciclos irregulares que había atribuido al estrés de la guerra. —No puede ser—, murmuró para sí misma, pero el pensamiento persistió, llevándola a pedirle a Irina que trajera discretamente una prueba de embarazo de la farmacia más cercana, una de esas que prometían respuestas rápidas y precisas. La sirvienta regresó con el paquete envuelto en papel marrón, su expresión neutral pero con un brillo de curiosidad que Sofía sintió ligeros nervios, agradeciendo en voz baja antes de cerrar la puerta del baño. Minutos después, las dos líneas rosadas aparecieron en la varilla, confirmando lo que su cuerpo ya sabía, estaba embarazada, un hijo no planeado que llegaba en medio del caos, fruto de noches posesivas y rendiciones mutuas que habían borrado fronteras entre odio y necesidad. Sofía se sentó en el borde de la bañera, el agua enfriándose mientras procesaba la noticia, su mano instintivamente posándose sobre su vientre como si pudiera proteger esa semilla diminuta del mundo exterior. No era solo miedo lo que sentía, sino una mezcla de maravilla y terror ante la idea de traer vida a este nido de mafiosos y traiciones, donde Viktor la enclaustraba cada vez más bajo el pretexto de protección. Decidió decírselo esa noche, durante la cena que habían planeado en el comedor privado, un momento de relativa calma en el que Dimitri reportaría los avances contra los chechenos. Cuando Viktor entró, su traje arrugado por otro día de reuniones tensas con Leonid y refuerzos improvisados, Sofía lo recibió con un beso que empezó suave pero se volvió sugerente, sus labios demorándose en los de él para distraerlo de la fatiga que marcaba sus ojos grises. La cena transcurrió con Viktor exponiendo los detalles de la alianza rota, rutas perdidas reconquistadas a medias gracias a Leonid, pero con chechenos presionando desde los suburbios, liderados por la venganza de Anastasia que había unido fuerzas con Volkov para golpear donde más dolía. —Esa víbora no parará hasta verme caer—, gruñó Viktor, sirviéndose más vodka mientras Sofía picoteaba su plato, el apetito ausente por las náuseas que volvían a acechar. Finalmente, cuando el silencio se hizo pesado, ella tomó su mano sobre la mesa y lo miró directamente, su voz baja y cargada de una intimidad que lo desarmó al instante. —Viktor, hay algo que debes saber... estoy embarazada. Un hijo tuyo, nuestro. Las palabras colgaban en el aire como una bomba de relojería, y por un momento, el rostro de él se congeló en una expresión de shock puro, sus ojos bajando a su vientre como si pudiera ver a través de la tela del vestido que ella llevaba. Viktor se levantó de golpe, rodeando la mesa para arrodillarse a su lado, sus manos grandes rodeando su cintura con una posesión que era a partes iguales ternura y control, pero sus palabras salieron en un murmullo ronco que revelaba su conflicto interno. —Un hijo... con esta vida que llevo, con todo esto. Un sobresalto interno, imaginando un heredero en medio de balas y traiciones, pero el pensamiento, entendía que... últimamente se había vuelto consciente de lo que estaban haciendo, de la necesidad de sentir el cuerpo relleno de ella con él, de que se había ablandado con ella, pero nunca había pensado tener un heredero con ella, no con... una gordita, no con... ella, "un hijo con esta mujer," cruzó su mente fugaz, un eco de sus burlas pasadas que no se atrevió a vocalizar, aunque Sofía lo leyó en su mirada y sintió un pinchazo de duda. La encerró más desde esa noche, ordenando guardias adicionales en su habitación y limitando sus salidas al jardín, todo bajo el disfraz de "protegerte a ti y al bebé", pero Sofía sentía las paredes cerrándose como una jaula dorada, su independencia ganada amenazando con evaporarse. Los días siguientes trajeron más tensión, con Viktor volviéndose hiperprotector, cancelando reuniones para quedarse a su lado y tocando su vientre con reverencia posesiva durante las noches, sus besos volviéndose urgentes como si quisiera reclamar esa nueva vida como suya. Sofía, por su parte, navegaba el grief por su padre mientras el embarazo la hacía sentir vulnerable de formas nuevas, las náuseas matutinas mezclándose con un deseo creciente de libertad que la impulsaba a planear una huida real, no solo para probar su poder, sino para respirar lejos de esta red de mafiosos. Una noche, mientras Viktor dormía exhausto tras otro contraataque exitoso contra los chechenos, ella se escabulló al estudio, contactando en secreto a un aliado inesperado, quizá un contacto de Leonid que había dejado caer durante la reunión, para preparar un escape discreto, sola o con ayuda mínima, sabiendo que Viktor la encontraría pero dispuesta a enfrentar las consecuencias, incluyendo el estrés que podría costarle al bebé. Sofía estaba de pie en la ventana, mirando la nieve caer mientras Viktor se removía en la cama, ignorante de sus planes. El embarazo no planeado había cambiado todo, un lazo que los unía más pero también amenazaba con romperlos, llevando al momento de una huida real y pérdidas posibles. La guerra continuaba afuera, pero dentro de ella, una determinación nueva se forjaba, lista para el próximo movimiento.






