Mundo ficciónIniciar sesiónDimitri llegó a la mansión Ivanov cuando el cielo todavía era un gris sucio, con los faros del todoterreno cortando la niebla baja que se pegaba al jardín. Eran apenas las seis y cuarto de la mañana, pero Viktor ya lo esperaba en la puerta lateral, con una chaqueta negra sobre los hombros y la cara marcada por la noche en vela.
No se saludaron con palabras. Solo un gesto de cabeza y entraron juntos al despacho del segundo piso, cerrando la puerta con llave. La caja seguía exactamente donde Viktor la había dejado: en el centro del escritorio, pequeña, ligera, sin remitente visible, con la cinta adhesiva marrón que el cartero había usado. Ninguno de los dos se sentó. Se quedaron de pie, uno a cada lado del escritorio, mirando el paquete como si fuera una bomba de tiempo con forma de cartón. Dimitri fue el primero en hablar, voz baja y ronca por el sueño interrumpido. —¿No la has abierto? Viktor negó con la cabeza, cruzando los brazos. —No. Quería esperar a que llegaras. Si es lo que creo… prefiero tenerte aquí cuando lo vea. Dimitri se pasó la mano por la nuca, mirando la caja como si pudiera ver a través de ella. —¿Y si es una trampa? ¿Gas? ¿Explosivo? ¿Algo que nos deje fuera de combate? Viktor soltó una risa seca, sin humor. —Si quisiera matarnos ya lo habría hecho. Esto es aviso, puede ser psicológico, Krasnova no mata rápido, ella mata lento, para que duela lentamente. Dimitri asintió despacio. —Entonces… ¿quién abre? Viktor miró la caja un segundo más. —Los dos. Al mismo tiempo. Si es algo que nos deje fuera de combate… lo compartimos. Dimitri sonrió de lado, aunque la sonrisa no llegó a los ojos. —Romántico. Como en las películas de ciencia ficción con un final terrible. Sacaron sus navajas al mismo tiempo. Viktor cortó la cinta por un lado. Dimitri por el otro. La caja se abrió con un crujido suave. Dentro… más papel, pero al desenvolver... una cabeza de gato. Pequeña. Gris. Con los ojos abiertos y vidriosos. El pelaje idéntico al de Dragón Gris, el gatito de Alexei. La misma mancha blanca en forma de estrella en la frente. Viktor sintió que el mundo se le detenía. Casi se le doblan las rodillas. —Joder… no… Dimitri lo agarró del brazo con fuerza. —No es él, no es Dragón Gris y lo sabes, escucha lo que pasa por ahí en el pasillo. Desde el pasillo llegó el maullido alegre y agudo de siempre. Dragón Gris entró al despacho trotando, con la cola en alto, frotándose contra las piernas de Viktor como si nada hubiera pasado. Alexei lo había dejado salir esa mañana temprano para que jugara en el jardín antes del desayuno. Viktor se agachó, tomó al gato en brazos y lo apretó contra su pecho, sintiendo el ronroneo vivo contra su corazón. —No es él… no es él… Dimitri se quedó mirando la cabeza cortada, con la mandíbula apretada. —Es un mensaje. ‘Podemos llegar hasta tu gato. Imagina lo que podemos hacer con tu hijo, con tu mujer, con tu hija que viene’. Es ella. Krasnova. Está jugando muy rudo, y recién acaba de comenzar la masacre. Viktor dejó al gato en el suelo con cuidado. Dragón Gris maulló confundido y salió trotando hacia la cocina cuando vio que Doña María iba. Viktor se enderezó, los ojos duros como acero. —Ya no esperaremos hasta mañana, salimos hoy. Esta misma tarde, así que llama a Carl. Dile que prepare a Elena y a Misha. Que los traiga aquí en dos horas, que venga un mayordomo en auto. Que no levante sospechas. Que diga que es una visita de última hora, y mientras, yo voy a pedir el jet. El que tengo guardado en el hangar privado. El piloto que lo mantiene listo… es a quien voy a llamar para decirle que ya es hora, puede volar en una hora a Nueva York. Catskills. La cabaña, ambos sabemos que nadie más sabe de ella, nadie la tiene registrada a mi nombre actual. Dimitri sacó el teléfono de inmediato. —Voy llamando a Carl. Tú al piloto. Viktor marcó el número del hangar. El piloto contestó al segundo tono. —Señor Ivanov… ¿ya es hora? —Sí. Prepara el jet. Salimos esta tarde. Destino: Nueva York. Catskills, llena el tanque y deja todo odo listo para seis adultos y cuatro niños, y un gato. —Entendido. Estará listo en dos horas. ¿Alguna instrucción extra? —Vuela bajo. Sin registro público si puedes. Y… mantén los ojos abiertos. No estamos solos. —Sí, señor. Lo tengo. Colgaron. Dimitri ya estaba hablando con Carl. —…sí, ahora, no esperes más, trae a Elena y a Misha. Dile que es una visita de última hora. Que Sofía quiere ver a Elena antes del viaje, que es por el embarazo, y traigan maletas pequeñas, lo demás lo arreglamos allá, no preguntes mucho, solo ven con tu esposa y el niño, ya te explico cuando llegues. Colgó. Miró a Viktor. —Listo. Carl estará en camino lo más pronto posible. Dice que Elena va a creerlo, que confía en él. Viktor asintió. —Entonces aceleremos la situación. Sofía y los niños salen en cuatro horas, tú y Ana también, yo me quedo con Carl, terminaremos esto aquí. En Moscú. No dejaremos que nos sigan. Dimitri lo miró fijo. —¿Estás seguro de que quieres que Ana y la pequeña Sofía vayan sin mí? Viktor lo miró sin pestañear. —Sí. Porque si Krasnova sabe dónde estamos… sabe dónde están ellos. Y si nos quedamos aquí… vamos a atraer el golpe. Los sacamos. Los ponemos a salvo. Y nosotros, terminaremos lo que empezó hace años. Dimitri respiró hondo. —Está bien. Hablaré con Ana ahora y le cuento la situación, ella va a entender de inmediato así como la primera vez, y va a convencer a Sofía y a Elena de que el viaje anticipado. Viktor asintió. —Bien. Y cuando lleguen a la cabaña… nadie sale. Nadie entra sin que yo lo sepa. Mis hombres en Nueva York ya están avisados. La cabaña tiene seguridad, también hay cámaras, las alarmas, está todo. Dimitri se levantó. —Entonces voy por Ana y la niña, le iré contando en el camino para que vaya teniendo la idea, espérame aquí. Viktor lo detuvo antes de que saliera. —Dimitri… Dimitri se giró. —¿Qué? Viktor lo miró fijo. “Si algo sale mal… si Krasnova nos encuentra antes… protege a Ana, a la niña, a Sofía, a todos. No me importa si tengo que quedarme atrás. Tú sácalos. Dimitri lo miró un segundo largo. —Y tú protege a Sofía. A los niños. A la niña que viene. No te quedes atrás. Vuelve entero. Porque si no vuelves… voy por ti yo mismo. Viktor sonrió, frío pero real. —Trato hecho. Dimitri salió. Viktor se quedó solo en el despacho. Miró la caja que aún no había abllamar Y sintió que el pasado volvía a llamar, y sí, tenía miedo, miedo de que esta vez no saliera ileso, porque Krasnova no era moco de pavo... Era algo mucho más terrorífico, pero primero tendría que pensar bien él plan. Quizá, pensó, para que nadie más vea sospechas de lo que pasaba debajo de cuerda, todo irán primero a Nueva York, y después tanto él como Dimitri y Carl, regresen para terminarlo todo. Quizá no quiere hacerlo solo, quizá con Carl no sería suficiente, los necesitaba a los dos sí o sí, necesitaban una buena coartada, para poner a esa señora en su lugar, antes de que todo se ponga peor.






