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Capítulo 183: El viaje que se adelantó.

Viktor entró a la habitación principal con pasos firmes pero silenciosos, la decisión ya tomada en cada músculo. Sofía estaba sentada en la cama, con la espalda apoyada en las almohadas, una mano en la barriga y la otra sosteniendo un libro que no había pasado de página en media hora.

La luz de la mañana entraba suave por las cortinas entreabiertas, pintándole el rostro de un dorado pálido que la hacía parecer más frágil de lo que era. Cuando lo vio entrar, levantó la vista con una sonrisa cansada pero llena de cariño.

—Mi rey… ¿ya volviste? ¿Todo bien?

Viktor se acercó, se sentó al borde de la cama y le tomó las manos. La miró fijamente y sin rodeos.

—Sofía… nos vamos hoy. Esta tarde. El viaje a Nueva York se adelantó.

Sofía parpadeó, confundida.

—¿Hoy? Pero dijiste que en cuatro días y todavía no se cumplían del todo… ¿pasó algo?”

Viktor le apretó las manos con suavidad.

—Todo está bien, cariño. Pero Ana habló conmigo. Dice que tu reposo tiene que ser más estricto. Que el aire de Moscú no te está ayudando mucho... que el embarazo necesita paz absoluta.

Respira profundamente tratando de evitar que se note la mentira.

—Y la cabaña en Catskills... es perfecta: bosque, lago, cero ruido, iremos todos, tú, los niños, Doña María, Irina, Olga… y Dimitri, Ana y la pequeña Sofía también. Carl y Elena ya están avisados. Viene con Misha.

Sofía lo miró un segundo entero y en silencio, buscando en sus ojos la verdad que él no estaba diciendo.

—Viktor… ¿seguro que es solo por el embarazo? Me estás escondiendo algo.

Él le sostuvo la mirada, sin mentir del todo.

—Es por el embarazo, mi reina, por ti y la bebé, por todos también… y es porque quiero protegerte, quiero que estés en un lugar donde nada te moleste. Donde puedas descansar de verdad. Donde los niños jueguen sin preocupaciones, y donde yo sepa que estás segura.

Sofía sintió que algo se le aflojaba en el pecho.

—¿Y tú? ¿Tú vienes con nosotros?

Viktor le besó los nudillos.

—Claro que voy a ir, nunca los dejaría solos, todos vamos a ir, pero si surge algo que tenga que resolver aquí… volveré rápido. Y volveré entero. Te lo juro.

Sofía dudó un segundo más, pero luego asintió despacio y con comprensión.

—Está bien. Confío en ti. Siempre confío en ti. Voy a preparar a los niños. Les diré que son vacaciones sorpresa. Que vamos a jugar en la nieve y a ver dragones de verdad.

Viktor sonrió, aliviado, y la besó suave en los labios.

—Eso es mi reina. Ve. Yo me encargo del resto.

Sofía se levantó con cuidado, se puso una bata ligera y salió al pasillo para despertar a los niños.

Mientras tanto, el timbre sonó abajo. Carl había llegado antes de lo esperado. Elena bajó del auto con Misha de la mano, una maleta pequeña y una sonrisa nerviosa pero sincera. Carl cargaba otra maleta y una mochila con cosas del bebé.

Doña María salió a recibirlos con los brazos abiertos.

—¡Mis amores! ¡Pasen, pasen! Ya tengo todo listo para el viaje. Sofía me dijo que es sorpresa, así que no pregunten nada. Solo disfruten.

Elena abrazó a Doña María.

—Gracias por recibirnos. Elena está emocionada. Y Misha… no ha parado de hablar de Alexei y de la hermanita que viene.— Dijo Carl con una breve sonrisa casi ocultando lo que sucedía debajo.

Doña María rio como un canto cordial con ligero orgullo y alegría.

—Y Alexei no ha parado de hablar de Misha. Vengan, vengan. Los niños están arriba preparándose.

Carl miró a Viktor, que había bajado a recibirlos.

—¿Todo listo?

Viktor asintió.

—Todo. El jet está esperando. Salimos en tres horas. Mis hombres ya están en el aeropuerto. Nadie nos sigue. Nadie sabe.

Carl soltó el aire.

—Elena cree que es por el embarazo. Que Ana lo recomendó. No pregunté mucho. Solo dijo que sí.

Viktor le puso una mano en el hombro.

—Bien hecho. Ahora… vamos al despacho. Tenemos que hablar. Dimitri ya está aquí.

Los tres hombres subieron al despacho.

Dimitri ya los esperaba, con el mapa digital abierto en la pantalla y una expresión seria.

—El jet está listo. Salida a las 14:00. Aterrizamos en un aeropuerto privado a una hora de Catskills. De ahí, transporte directo a la cabaña. Seguridad en el perímetro: mis hombres. Cámaras. Alarmas. Nadie entra sin que lo sepamos.

Viktor se sentó.

—¿Y aquí? ¿Qué hacemos cuando nos vayamos?

Dimitri miró a Carl y a Viktor.

—Nos quedaremos los tres, fingiremos que nos fuimos con ellos y después volveremos en un par de horas, todo en secreto. Y cazamos a Krasnova. No esperamos a que ataque, atacaremos nosotros primero. Mis contactos en Israel ya están rastreando sus movimientos. Tenemos una ventana de 48 horas antes de que sospeche que nos fuimos. Usémosla.

Carl asintió.

—Estoy dentro. Elena y Misha sé irán con los demás, yo me quedo a terminar esto con ustedes, quiero que mi hijo nazca sin sombras.

Viktor miró a los dos.

—Entonces está decidido. Esta tarde salimos. Todos. Y cuando estemos en Nueva York… ustedes dos vienen conmigo. Terminaré lo que empecé hace años. Y cuando volvamos… la bruja Volkov va a desear no haber salido de su agujero.

Dimitri sonrió, fría y decididamente.

—Que así sea, hermano.

Carl extendió la mano.

—Por ellos.

Viktor y Dimitri la tomaron.

—Por ellos.— Repitieron.

Tres manos unidas. Tres hombres en donde no hay rivalidad sino alianza, y estaban listos para empezar a cazar, para proteger a los suyos como una gran manada, y claramente están dispuestos a ganar, ya no había vuelta atrás.

Y Krasnova Volkov aún no sabía que ya la habían visto venir, no sabía que ya la estaban esperando. Y cuando lo supiera… sería demasiado tarde.

Ahora ellos sienten que llevan un paso adelante se Krasnova, mientras ella estaba haciendo... quien sabe qué estuviera planeando en estos momentos, el equipo de Viktor ya había actuado desde antes, sobre todo porque aún tiene esa caja, ese aviso en su despacho, que obviamente debe deshacerse antes de partir.

Mientras que todos se preparaban, Carl y Dimitri estaban ayudando a empacar las maletas para ir al aeropuerto, Viktor se quedó un momento en su despacho, no sabía realmente si estaba siendo perseguido por ojos, si ya Krasnova lo seguía desde las sombras, si ya sabía del plan, pero al menos no sabía adónde debía ir, y con eso le bastaba. Ahora, viendo aquella caja en las manos, la toma y sale al patio trasero, ahí en la bolsa de basura negra, tira la caja, así como sabe que va a mandar a la basura a Krasnova.

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