Mundo ficciónIniciar sesiónEl penthouse de Mirror Company era un refugio de lujo en medio del caos nevado de Moscú, ventanales del piso al techo mostrando la ciudad iluminada bajo la nieve cayendo suave repqueteando un poco en los ventanales, los muebles de cuero negro, la chimenea crepitando con fuego artificial que calentaba el espacio sin humo.
Viktor se paseaba de un lado a otro como león enjaulado, los ojos no se apartaban del celular, mirando fijamente sin pestañear, esperando alguna actualización avance, incluso en lo más profundo de su ser, esperando una llamada fantasmal de Dimitri. Sofía estaba sentada en el sofá buscando la manera de consolar con la mano sobre la de Ana que aún temblaba por el llanto. Nikolai y Alexei estaban durmiendo en una habitación contigua gracias a doña María que los había traído rápido después de una llamada urgente, al fin y al cabo, todos eran familia y dejaron a Irina y Olga cuidando la casa, por supuesto ellas habían comprendido todo. —Viktor, siéntate un rato —dijo Sofía, con la voz calmada pero algo fuerte por los nervios—. Klaus dijo que volvía con información, sólo debemos confiar. Viktor se detuvo de repente, los tacones de sus zapatos ya no sonaban en el suelo, se pasa una mano por el cabello y suspiró, sentándose al lado de ella. —Confío, Sofía. Pero Dimitri... él siempre me sacó de problemas. Ahora me toca a mí y siento que no he aportado en nada. Ana, con los ojos llenos de angustias y rojos de tanto haber llorado, miró a Viktor. —¿Ese Klaus? ¿De verdad creen que puede ayudar? Viktor asintió con firmeza y confiado ante su duda. —Es mi viejo amigo, es militar de una base en una isla remota. Alemán, pero fue criado aquí y luego viajó a otro país y luego trabaja en aquel lugar, suele venir a Rusia de vez en cuando. Es... calculador, frío, pero leal. Si alguien rastrea rápido, es él. Mira a Ana con determinación a pesar del tumultuoso dolor interno. —Confía nada más, confía en mí, confía en Klaus. Pasando de ellos a la búsqueda de Klaus Adler... Klaus manejó por Moscú nevada, calles iluminadas con luces tenues tempranas, la nieve crujiendo bajo ruedas en un bajo ritmo. La ruta a las afueras, recorriendo un barrio humilde, casas pequeñas de madera, luces cálidas dentro. Llegó a una casa simple, el porche con mecedora, humo de chimenea, ruido de risas adentro, quizá una familia en reunión. Klaus bajó del auto y se acercó tocando la puerta sin querer espantar el momento alegre de la familia adentro. El viejo abrió, un hombre de 70 años, el bastón en mano, y una agradable sonrisa humilde, con ojos azules claros detrás de gafas gruesas, barba blanca corta. —Klaus... mi muchacho. Tiempo sin verte. Su voz es anciana pero ronca y masculina a pesar de la edad, de tantos gritos de guerras pasadas, se le acerca dándole un gran abrazo con palmada firme en su espalda. —Coronel... necesito ayuda. El viejo miró hacia atrás, su familia reunida en la cena del Interior, su esposa, hijos y nietos riendo alrededor de mesa con sopa y pan. —Pasa. Pero... sé discreto, mi familia está aquí. Klaus dudó al principio sintiéndose algo invasivo para el viejo, pero sabía que no podía dar marcha atrás, ya no. —Disculpe si nterrumpo... Lo siento. El viejo negó con vehemencia, su sonrisa se mantiene intacta. —Tranquilo muchacho, mi familia lo entiende, entonces, dime ¿A qué se debe tu visita? Klaus empezó y contó todo, cada detalle del suceso, el secuestro de Dimitri, cuatro hombres, líder de ojos verdes, Maybach ruta norte, posiblemente llegaron a un almacén. El viejo escuchó con seriedad, y su sonrisa comenzaba a flaquear, desvaneciéndose poco a poco. —Mercenarios— dijo de inmediato sin vacilar. —Conozco ese patrón. Ven acompáñame. Hizo pasar por completo a Klaus quien se eleva por encima de los demás debido a su altura imponente, sin embargo no muestra hostilidad, sino más bien calma, el adulto mayor se disculpa con su familia. —Cariño, queridos nietos... disculpen un momento, debo ayudar a un viejo amigo. Vuelvo pronto. Su hermosa esposa y señora lo comprendió, y le besó su mejilla curtida. —Ve, amor. La cena te espera caliente y acompañada. Nietos gritaron —¡Abuelo! Él sonrió con cariño, luego dejó el bastón olvidado en el porche, caminó firme con Klaus al sótano, y una puerta que estaba oculta detrás de librero. Ambos bajaron, y hubo un cambio total, la cena de arriba marcaba contraste contra este lugar. El sótano iluminado con pantallas LED, servidores zumbando, y tecnología de alta gama, con monitores múltiples, cables ordenados, silla ergonómica. Klaus sonrió, y se rió con la voz ronca de nostalgia. —Coronel... sigues con las mañas. Pensé que habías dejado esto por la vida humilde. El viejo también se rió, con una sonrisa determinación ahora. —Humilde arriba, listo y preparado aquí abajo. La familia no sabe todo, así que ve, toma asientl y siéntate. Encendió los sistemas, sus dedos arrugados volando en teclado con alta experiencia. —Dame detalles, placa Maybach, color, hora secuestro. Klaus dio la información completa. El viejo hackeó las cámaras de la ciudad, tráfico, semáforos, seguridad privada. —Aquí... Maybach ruta norte, evitó peajes. Dirigiéndose a almacén viejo en zona industrial este. Pero... desviaron a último minuto. Hacia puerto abandonado. Lugar peor... contenedores, fácil para esconderse, escape por mar. Klaus ajustó sus gafas. —Mercenarios con salida marítima. Alguien paga grande de seguro. El viejo asintió con firmeza. —Líder ojos verdes... rumor de mercenario llamado “Zelenyy”. Trabaja para sombras antiguas. Posible venganza contra Volkov. Klaus apretó los puños —Gracias, coronel. Vuelvo con esto. El viejo lo abrazó fuerte. —Cuídate, muchacho. Y saluda a Volkov. Viejo aliado. Klaus salió, manejó de vuelta a Mirror Company. En penthouse, contó todo, puerto abandonado, mercenario Zelenyy, posible venganza. Viktor apretó mandíbula. —Vamos ahora. Sofía negó. —Planea primero. Ana sollozó con tristeza pero al menos ya sabía que había más información. —Sáquenlo... por favor... Klaus ajustó gafas. —Tres horas. Entramos al amanecer.






