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Capítulo 104: El encuentro con un viejo amigo.

El jardín de la mansión todavía tenía huellas de la pelea en la nieve, marcas de botas, sangre seca de Dimitri, el Maybach desaparecido y las huellas de zapatos y neumáticos. La familia estaba reunida en el salón, la tensión pesaba demasiado en el aire, Nikolai llorando en brazos de doña María, Alexei abrazado a Sofía, y Ana estaba sentada en el sofá con ojos verdes hinchados de tanto llorar.

Viktor caminaba de un lado a otro, con el móvil en mano, voz baja pero urgente, al otro lado se escucha la voz de quien contestó.

—Sí, soy yo. Necesito ayuda. Dimitri fue secuestrado hace un par de horas. Cuatro hombres, abrigo negro, sombreros oscuros, ojos verdes en uno de ellos, se lo llevaron en mi Maybach. Dirección posible... viejo almacén en el distrito industrial o ruta al norte. Punto de encuentro, Mirror Company, último piso, como antes. Trae lo que tengas. Rápido.

Cuelga y respira hondo, sentía sus ojos aún con lágrimas contenidas y le tocó parpadear rápidamente para no verse vulnerable y débil.

—Vamos. Empacaremos maletas. Nos vamos a Moscú ahora.

Sofía se levantó, Nikolai calmándose poquito en sus brazos.

—No, Viktor. Los niños no. Es peligroso. No sabemos quiénes son, qué quieren, por qué hicieron esto...

Doña María intervino, voz firme pese a la preocupación.

—Mi hija tiene razón. Yo me quedo con los niños y la casa. Soy vieja para correr en persecuciones, pero fuerte para cuidar a mis nietos, alguien debe quedarse aquí, vigilar por si... un milagro Dimitri... Lleven solo lo necesario.

Ana sentía un nudo en la garganta, con una voz temblorosa, asintió levemente comprendiendo la situación.

—Yo también voy. Es mi prometido— dijo secándose una lágrima con determinación a pesar de que le abruma el dolor.

Viktor miró a Sofía con una mirada suave tratando de transmitir que todo irá bien para todos.

—Mi reina… tú también quédate... por los niños.

Ella negó con vehemencia, y mira a Viktor con los ojos encendidos en determinación decisiva.

—No. Dimitri también es familia, él no es sólo un guardia también es amigo, también es como un hermano, el que nunca tuve, así que voy contigo. Mamá cuida perfecto, cuidará de la casa, de los niños.

Doña María abrazó a Alexei y Nikolai como si las palabras de su hija le llegaran a lo más profundo.

—Vayan todos, yo estaré bien cuidando a los niños. Traigan a mi Dimitri de vuelta y tengan mucho cuidado, por favor.

Con breves miradas y sin perder el tiempo, empezaron a empacar las maletas con rapidez, ropa esencial, armas discretas de Viktor, laptop para rastreo, lo ligero se lo llevan, lo innecesario lo dejan... como los pañales.

Salieron de inmediato, Viktor, Sofía y Ana en el SUV blindado restante, guardaron las maletas en el baúl, Viktor y Sofía adelante, Ana sentada atrás con un dolor que aún es difícil de aguantar.

El viaje es tenso de camino a Moscú, la nieve cayendo casi como tormenta, como si reflejara el tumltuoso interior de cada uno, sobre todo el de Ana, todos estando en silencio roto por el hecho de que Ana suelta suaves sollozos en bajito.

Sofía se gira y lleva la mano hacia atrás y le apretó la suya para estar ahí con ella y calmarla un poco.

—Lo encontraremos, Ana. Viktor no para hasta traerlo, sólo hay que confiar.

Viktor manejaba, ojos fijos.

—El del teléfono, es un viejo amigo de una base Militar, uno de los mejores de ahí, creo que subió de ascenso hace poco, si alguien sabe rastrear, es él.

Llegaron al edificio Mirror Company, un rascacielos moderno en el centro de Moscú, la fachada de vidrio reflejante, con seguridad discreta.

Los tres entraron, Viktor confiado como si solo viniera a una tienda a comprar un caramelos, mientras que Sofía y Ana venían atrás agarradas de la mano desconociendo el enorme edificio, llegaron a una recepción elegante y discreta al mismo tiempo.

Viktor habló en voz baja al recepcionista.

—Último piso. Reserva Volkov.

Viktor recibió la tarjeta de habitación que tenía un brillo plateado en la esquina, luego subieron en el ascensor privado viendo hacia afuera de como mientras subían más pequeño se veía todo abajo.

Las puertas se abrieron al penthouse, vista panorámica a Moscú nevada, muebles minimalistas, chimenea encendida.

Y ahí estaba él.

Klaus Adler Wolff.

Casi dos metros de altura, imponente como muro, chaleco de frío negro sobre camisa, bufanda cubriendole la boca y nariz, unas gafas de sol oscuras pese al interior, y un elegante peinado hacia atrás con mechón rebelde rozando la ceja.

Se quitó las gafas despacio, revelando sus ojos gris azulados fríos como el hielo pero con algo blando nuevo.

—Viktor. Tiempo sin verte— su voz resonó con su acento, diferente al de Viktor.

Se acerca y me da un buen abrazo fuerte, militar con palmadita firme en la espalda. Sofía y Ana al lado como dos hermanitas asustadas al ver tanta... masa.

Viktor las presentó con firmeza a pesar de la situación.

—Klaus, Sofía mi esposa. Ana, prometida de Dimitri.

Klaus asintió, con su voz grave alemana con acento ruso medio aprendido.

—Encantado. Lamento las circunstancias.

Se quitó bufanda, revelando cara angulosa, y unas que otras cicatrices leves.

Se sentó en sofá grande, y los demás alrededor.

—Explícame, qué fue lo que pasó.

Viktor sin dudar le contó, un secuestro que fue demasiado rápido, cuatro hombres, un líder con ojos verdes, sombrero ruso, golpearon a Dimitri para dejarlo inconsciente, amenazaron, y lo notaron en el carro que también fue Hurtado y llevado.

Klaus escuchó con una mirada calculadora, ojos entrecerrados y maquinando ideas rápidas en su cabeza.

—Profesionales. No amateurs. Ojos verdes… recuerdo rumor de mercenario con ese rasgo. Viejo enemigo tuyo quizá, o de Dimitri.

Ana sollozó un poco limpiándose las lágrimas que sabía que no aportaban a nada para el rescate, así que encontró el valor para tragarse el nudo en la garganta y poder hablar.

—Por favor… encuéntrenlo.

Klaus la miró, su mirada se suavizó un poco (ese blandura nueva, quizá por “alguien” a quien recuerda en su trabajo.

—Lo haremos. Tengo contactos. Rastreo carro por placas. Averiguar en el viejo almacén del norte, posiblemente hayan llegado ahí.

Viktor asintió y apretó los puños a los costados con una ira y dolor latentes, pero se mantuvo firme.

—Dimitri me salvó miles de veces, y ahora me toca a mí salvar a mi hermano.

Sofía se acercó y tomó su mano, la entrelazó con los de ella para tranquilizar un poco ese dolorcito interno del corazón.

—Nosotros. Juntos. Haremos todo lo que esté en nuestras manos para rescatar a Dimitri. Es una promesa.

Klaus asintió con determinación ya preparando ideas y más contactos.

—Descansen aquí, el viaje seguro fue agotador y tenso. Yo tengo que salir ahora para hacer las vueltas, regresaré con la información necesaria para poder acelerar el paso.

Se puso las gafas de sol otra vez, se envolvió la bufanda, y el chaleco que estaba colgado.

—Estoy aquí en Moscú de paso por una misión, pero Viktor, es mi hermano, mi amigo también, así que ahora... son mi prioridad.

Salió cerrando la puerta y dejando un aroma a colonia cara alemana y a los tres sentados para que busquen la manera de descansar, la tensión era bastante pesada en el aire, la búsqueda apenas empezaba, pero la familia seguía más que unida y Dimitri... seguro está esperando por su rescate.

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