Inicio / Mafia / COMPRADA POR EL JEFE DE LA MAFIA / Capítulo 106: Comienzo de plan, rescate Dimitri.
Capítulo 106: Comienzo de plan, rescate Dimitri.

El penthouse de Mirror Company se sentía como una fortaleza fría en medio de la nieve nocturna de Moscú, con los ventanales mostrando la ciudad iluminada como un mar de luces parpadeantes bajo la tormenta que empezaba a caer. La chimenea crepitaba suavemente, pero el aire estaba cargado de tensión, Sofía caminaba de un lado a otro con Nikolai en brazos, el bebé de seis meses gorgoteando ajeno al drama, Alexei dormido en la habitación contigua gracias a doña María que lo mecía con nanas colombianas bajitas.

Ana estaba sentada en el sofá, sus ojos hinchados de tanto llorar a mares, sus manos temblando mientras apretaba un pañuelo mojado, y Viktor se paraba frente al mapa improvisado en la mesa, su mirada fija en Klaus que ajustaba sus gafas con expresión calculadora.

Klaus, con su altura imponente y ojos gris azulados brillando en la penumbra, había vuelto hace media hora con más datos, el Maybach visto en el puerto abandonado, posibles pistas de mercenarios liderados por Zelenyy, y un plan rápido para infiltrarse al amanecer.

—Viktor, vamos solos —dijo Klaus, su voz grave con acento alemán preciso—. Tú y yo. Somos los que conocemos el terreno. Entramos, rescatamos, salimos. Sin complicaciones ni distracción.

Viktor asintió fervientemente, con los puños apretados a los costados.

—Bien. Dimitri no aguanta más, vamos ahora, ni un minuto más ni un minuto menos.

Sofía se detuvo, con una mirada echando fuego, y se le salió un poco el acento pero fuerte por los nervios.

—No tan rápido. Yo voy también. Dimitri es mi familia. No me dejen fuera... por favor.

Viktor se giró, acercándose a ella con paso firme pero suave, su mano se apoya en su hombro con delicadeza.

—Sofía, no. Es peligroso. Quédense aquí con los niños. Doña María las cuida. Yo... no quiero que te hagas daño. No otra vez.

Sofía frunció el ceño, Nikolai gorgoteando en su brazo como si sintiera la tensión.

—Viktor, soy fuerte. Recuerda quién manda el imperio, puedo ayudar, de verdad, no soy de porcelana.

Klaus intervino, con una voz calmada y una palma apaciguando el momento.

—Sofía, con todo respeto. Pero Viktor tiene razón. Somos militares, Viktor conoce de mafia y armas. Tú... y los demás, quédense, la familia es primero. Las tres quédense seguras y cuiden a los niños.

Ana, desde el sofá, se le salió un triste sollozo bajo, con su voz temblorosa.

—Sofía... yo... quiero ir, pero... no puedo. El corazón me estalla de angustia. ¿Por qué tanto? Es como si... presintiera algo peor.

Sofía miró a Ana, sintió algo de confusión que se le marcaba en el rostro.

—Ana, tranquila. Es normal angustiarse, pero Dimitri es fuerte. ¿Por qué tanto desespero? Ven aquí.

Se acercó, y le dio a Nikolai a doña María que observaba preocupada desde la puerta, y abrazó a Ana fuerte, frotando su espalda.

—Shhh, lo traeremos de vuelta. Viktor y Klaus saben qué hacer. No llores tanto, me rompes el corazón.

Ana sollozó más por las emociones que la invaden y apoya la cabeza en el hombro de Sofía.

—Es que... no sé. Siento que... algo va mal. Como si supiera... pero no.

Sofía la calmó, besándole la frente.

—Es el estrés, solo respira, lo vamos a encontrar.

Internamente, Sofía sintió un presentimiento frío, como un escalofrío en la espina, recordando la irrumpida en el ático años atrás, balas volando, Viktor herido casi muerto. Lo ignoró, centrándose en Ana, frotando su espalda.

Viktor miró a Klaus, voz baja.

—Si es caso, tengo números de viejos colegas. Llamo a dos más para respaldo.

Sacó el teléfono con práctica y marcó un número.

—Boris, soy Volkov. Necesito un favor, Dimitri fue secuestrado, nos encontramos en el puerto abandonado, ven con equipo, y sé silencioso.

Cuelga de inmediato y no tarda en marcar a otro número.

—Sergei, viejo amigo, lo mismo, ven con tres hombres, armas limpias, nos vemos allí en el punto que te envié.

Klaus asintió con decisión y satisfecho.

—Bien. Yo tengo dos amigos cerca, hackers y rastreadores. Ya les dije que fueran investigando a Zelenyy y a los mercenarios. Uno en la ciudad, otro en el norte. Nos dan información en camino.

Sofía miró a Viktor, su voz es firme pero temblorosa por el miedo y el temor con las manos algo inquietas.

—Está bien, vayan solos. Pero... llámame si es necesario. No quiero repetir esa vez en el ático, balas por todas partes, tú herido casi muerto. No lo soportaría otra vez, no...

Viktor se acercó, y le acuna la cara con sus manos suaves y callosas, su mirada fijamente en la de ella con amor.

—Mi reina... lo sé. Esa vez fue caos. Pero ahora soy mejor, Klaus está conmigo, te prometo llamar a cada hora, te lo prometo. Tú quédate segura con Ana y mamá. Los niños necesitan una mamá fuerte, tú, Sofía.

A ella se le llenaron los ojos de lágrimas y se le escapó un pequeño sollozo, se inclina y lo abraza con fuerza apretándolo contra sí como si quisiera fusionarse con él para siempre y nunca despegarse.

—Vuelve entero, intacto, por favor, hazlo por mí, por ellos.

Klaus se puso chaqueta y uniforme táctico, y aquella máscara que le cubre toda su identidad, un pasamontañas que sólo se le hacen visible los ojos azul grisáceo como el hielo más frío, su voz marcada y práctica suena ahogada por la tela, pero sonora.

—Vamos. El amanecer es en dos horas, hay que movernos.

Viktor se inclina y besa a Sofía profundamente volcando todo el amor a su reina, luego le da un beso a Nikolai en la frente y a Alexei dormido prometiendo volver, abrazó a doña María como la madre que nunca tuvo y por último una palmada a Ana indicándole con la mirada que todo va a estar bien, luego se gira a ver a la mujer mayor con determinación.

—Cuiden todo, mamá.

Doña María le da una breve oración, tanto a él como a Klaus, sintiéndose bastante agradecido por este pequeño detalle que serviría de hecho, para poder sentir que algo más los estará acompañando y protegiendo las espaldas.

—Ve con Dios, yerno. Trae a mi Dimitri.

Ana abrazó a Klaus por el impulso de protección y búsqueda de solución.

—Cuídalo. Por favor, y encuentren a Dimitri sano y salvo.

Klaus, se tambaleó un poco por el sentimiento, se ablandó un poquito, y con algo breve, le da una suave palmadita en el hombro y la espalda.

—Lo traeremos, no te preocupes.

Y con esa despedida, ambos salieron del apartamento, y llegaron al ascensor ya cerrándose tras de ellos.

Sofía y Ana se quedaron abrazadas, mirando la puerta ya cerrada y un vacío de falta de protección masculina desapareció.

—Volverán— dijo Sofía, con la voz firme.

Ana asintió levemente, aún con las lágrimas cayendo por su mejilla.

—Lo sé. Pero... el desespero no se va, ni la angustia, me cuesta un poco, mucho.

Doña María las abrazó a las dos.

—Rezamos hasta su regreso. Y café fuerte y puro para esperar alguna llamada.

La tensión seguía fuerte tanto dentro del edificio como en los dos hombres que partían en el vehículo en busca de su amigo y hermano, Klaus manejaba con destreza por las calles nevadas, su mirada helada, la adrenalina y la nieve que veía en el camino, le despertaba la sensación de persecución, hacía rato que no tenía una misión tan peligrosa como esta, pero por algo se convirtió en coronel.

Viktor casi se agarraba de la manija de arriba por los movimientos alocados que Klaus hacía, cuando duró su tiempo en el monasterio, su corazón había calmado la adrenalina, por lo tanto sentía esa vacilación de movimiento vertiginoso que le hizo sentir nervios, pero al ver la mirada de su amigo y la importancia de llegar a tiempo, logró controlarse y reflejar la misma emoción que la persona de al lado.

Una cosa era segura para ambos, ya no había marcha atrás, y por supuesto, estaban decididos a conseguir rescatar a Dimitri a toda costa, cueste lo que cueste, y sintiendo las palabras y oraciones de Sofía y las demás sobre ellos que los acompañan en el ambiente.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP