Inicio / Mafia / COMPRADA POR EL JEFE DE LA MAFIA / Capítulo 171: Las burlas disparadas como lanzas.
Capítulo 171: Las burlas disparadas como lanzas.

La fiesta se fue apagando con la misma lentitud con la que el sol se hundió detrás de los pinos.

Los globos colgaban medio desinflados de las ramas del roble, las mantas estaban llenas de migas de pastel rosa y coronitas de papel arrugadas, y el aroma a vainilla y mora todavía flotaba en el aire fresco de la tarde.

Doña María había subido a acostar a Nikolai y a la pequeña Sofía, que se había quedado dormida en sus brazos después de tanto gatear y reír. Alexei y Misha seguían despiertos, pero ya arrastraban los pies, abrazados en el sofá del salón con Dragón Gris ronroneando entre los dos.

Ana se había despedido temprano con un beso en la frente de Sofía y un “descansa mucho, reina, que esa niña va a necesitar a su mamá fuerte”.

Dimitri y Ana decidieron quedarse esa noche.

La pequeña Sofía dormía en la cuna portátil que siempre traían, y Ana se había ido a la habitación de invitados con ella. Los demás se fueron: Carl y Elena con Misha dormido en brazos, despidiéndose con abrazos que ya no eran forzados y promesas de “nos vemos pronto”.

El jardín quedó en silencio. Solo quedaban las sillas desordenadas, la mesa con restos de pastel y vasos vacíos, bolsas de basura llenas de platos desechables y serpentinas pisoteadas.

Viktor y Dimitri salieron a recoger, sin prisa, en camisas manga largas arremangadas y sin traje.

El aire fresco de la noche les despejaba la cabeza después de tanta risa y tanto ruido.

Dimitri doblaba una manta con movimientos lentos, pero cada tanto levantaba la vista hacia Viktor y se le escapaba una sonrisa burlona, de esas que empiezan en la comisura y terminan en los ojos.

Viktor lo notó al tercer viaje con las sillas.

—¿Qué? ¿Vas a seguir mirándome como idiota toda la noche?

Dimitri soltó una risa baja y profunda, dejando la manta en una pila.

—Qué te puedo decir, no puedo evitarlo. Ahora que sabes que viene una niña… tu cara va a ser un poema cuando Misha o el nuevo hermanito de Misha... que por lo que veo va a nacer casi al mismo tiempo, empiecen a rondarla. Imagínate: dos dragones adolescentes compitiendo por tu princesita. Vas a querer encerrarla en una torre.

Viktor dejó una silla con más fuerza de la necesaria, sus manos rodabia apoyadas en el borde del plástico, y en su piel, se marcaban esas venas fuertes que siempre volvían loca a Sofía.

Se giró lentamente, entrecerrando los ojos, con una mezcla de enojo y diversión que le hacía brillar la mirada.

—¿Y tú qué? ¿Crees que tu princesita va a ser monja? Porque entre Alexei, Nikolai y Misha ya tiene tres pretendientes capaces. Tres. Y eso sin contar los que vengan. Vas a tener que comprar una escopeta… o tres.

Dimitri se quedó quieto un segundo, la sonrisa congelándose en una mueca de molestia divertida. Se pasó la mano por la nuca, soltando el aire por la nariz.

—Joder, no me lo recuerdes. Ya me imagino a Alexei trayéndole flores robadas del jardín y diciendo ‘toma, Sofi, para ti’. O a Nikolai mirándola con esos ojitos tranquilos hasta que ella se derrita. Y Misha… Misha ya la mira como si fuera su reina. Voy a tener que poner candado en la puerta.

Viktor soltó una carcajada baja, cruzando los brazos con el pecho hinchado de orgullo por dar en el clavo.

—Bienvenido al club, hermano (le devolvió el comentario de la fiesta anterior) Vas a sufrir. Vas a querer matar a medio mundo. Y al final… vas a tener que dejarla volar. Porque si la encierras… la pierdes.

Dimitri negó con la cabeza, todavía con esa mueca.

—Y tú también. Prepárate. Porque cuando tu niña abra los ojos y te mire con esa carita… no vas a querer soltarla nunca. Y cuando algún idiota le sonría… vas a entender por qué yo tengo esta cara cada vez que Nikolai se le acerca.

Viktor rio más fuerte casi forzosamente, pero esta vez había un brillo posesivo en sus ojos.

—Si algún idiota se le acerca antes de los treinta… le rompo la cara. Pero después… después voy a tener que aprender a soltar. Como tú.

Dimitri levantó una ceja.

—¿Yo? Yo no suelto. Yo vigilo. Desde lejos. Con binoculares si hace falta.

Los dos se miraron y estallaron en risas bajas, cómplices, mientras terminaban de doblar las últimas mantas y recogían la basura.

Viktor dio un paso hacia la casa, pero se detuvo y miró a Dimitri.

—¿Sabes? Nunca pensé que vería esto. Tú y yo… hablando de hijas. De novios futuros. De escopetas. Hace unos años hubiéramos estado planeando cómo matar a alguien. Ahora… planeamos cómo no matar a los que se acerquen a ellas.

Dimitri sonrió de lado, con algo de nostalgia y mucho de cariño.

—La vida da vueltas raras, hermano. Pero… no cambiaría esto por nada. Ni por todo el poder del mundo.

Viktor le dio una palmada en el hombro.

—Ni yo. Vamos adentro. Sofía debe estar esperando que la abrace hasta que se duerma.

Dimitri asintió.

—Y yo a Ana. Y a mi princesita.

Entraron juntos, apagando las luces del jardín detrás de ellos. La mansión se quedó en silencio, con el eco de las risas de los niños todavía flotando en el aire. Y en el cielo, la luna brillaba tranquila. Como si supiera que esas dos familias, tan distintas, tan iguales, ya no eran rivales.

Y mientras la mansión se quedaba en silencio, cada familia disfrutaba su momento, los Kuzmin en su propia casa, felices y emocionados por que venga el nuevo integrante, y los Ivanov, que la familia crecía cada vez más, con la llegada de la nueva bebé, muchas cosas más vendrán en camino, y quizá... podría haber más de lo que Viktor y Dimitri apenas se imaginaban.

Por ahora, todo iba de maravilla, se decía así mismo Viktor mientras veía a Sofía desde la entrada de la habitación, viéndola dormir serenamente con una mano en su vientre, y eso lo hace sonreír sintiendo una calidez en su pecho.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP