Mundo ficciónIniciar sesiónLa mansión en las afueras de Moscú vivía días de calma perfecta. El invierno había cubierto el jardín con una capa de nieve limpia que brillaba bajo el sol bajo, y dentro, la casa olía a café recién colado, arepas calentitas y el sonido de Nikolai gorgoteando en su columpio mientras Alexei construía torres de bloques en el salón.
Sofía estaba en la cocina ayudando a doña María a preparar el almuerzo, arroz con pollo, ensalada de aguacate y jugo de guanábana. Los ojos de Sofía brillaban con esa felicidad tranquila de quien tiene todo en orden, imperio funcionando, fundaciones ayudando a cientos, dos niños sanos y un marido que la miraba como si fuera el primer día. —Mamá, este arroz huele a casa —dijo Sofía, probando la cuchara. Doña María sonrió orgullosa. —¡Claro, hija! ¡Receta de tu abuela! ¡Para que Nikolai crezca con buen sazón y sabor de ambos hogares! Viktor jugaba en el salón con Alexei, haciendo que el camioncito “volara” por el aire. —¡Vuela, pequeño zar! ¡Al jardín nevado! Alexei reía a carcajadas. —¡Más alto, papá! Nikolai, en su columpio, pataleaba feliz, ojos grises siguiendo el movimiento. Todo normal, todo perfecto. Dimitri y Ana llegaron esa tarde para ayudar con detalles de su boda en playa. Ana traía muestras de telas para vestidos de damas, Dimitri una botella de vodka para “brindis pre-boda”. —¡Familia! ¡Trajimos sol de Grecia en botella!— gritó Dimitri al entrar, abrazando a Viktor. Ana saludó a Sofía con un beso amistoso. —¡Miren esta casa! ¡Ya se siente hogar total! Doña María los recibió con abrazos. —¡Mis futuros novios! ¡Pasen, que hay arepas para celebrar! Cena animada, planes de boda, risas, Alexei mostrando su camioncito nuevo, Nikolai durmiendo en brazos de Ana. Pero fuera, en el bosque al fondo del jardín, algo se movía. Una sombra. Un hombre envuelto en abrigo oscuro, binoculares en mano, observando desde la distancia segura entre los árboles nevados. Solo apareció cuando Dimitri y Ana llegaron. Miraba la casa, las luces, las figuras moviéndose dentro. Tomaba notas en un pequeño cuaderno. Cara oculta por gorro y bufanda, ojos fríos calculando cada detalle, momento, segundo. Nadie dentro se dio cuenta. Para la familia, todo seguía normal, risas en la terraza, Alexei corriendo por el pasillo, Sofía y Ana planeando vestidos, Viktor y Dimitri brindando. Doña María sirviendo postre. —¡Flan para todos! ¡Que la boda de Dimitri sea tan dulce como esto! Dimitri levantó vaso. —¡Por la familia! ¡Y por playa caliente en tres meses! Todos brindaron celebrando alegremente. La sombra afuera anotó algo más, guardó los binoculares, desapareció entre árboles. Al parecer tenía ntenciones ocultas, cierto misterio de un desconocido, pero fuera de eso estaba el calor familiar dentro de la nueva mansión. Pasando los días, todos eran normales, continuaban los juegos, comidas, y los planes del nuevo matrimonio. Nadie vio la sombra que volvía cada vez que Dimitri y Ana visitaban, ninguno se percataba de aquella sobra. El extraño sólo observaba, esperando en silencio, aún nadie sabe de sus intenciones, nadie sabe de su existencia. El jardín de la nueva mansión era un espectáculo en invierno, nieve limpia cubriendo el césped amplio, árboles desnudos con ramas cargadas de blanco, y una terraza cubierta donde Viktor había encendido la barbacoa para un asado improvisado. El sol bajo brillaba, haciendo que la nieve destellara como diamantes, y el aire fresco olía a carne asándose y humo suave. Sofía estaba sentada en una silla cómoda, piernas cubiertas con manta, Nikolai en su regazo tomando biberón, su mirada siguiendo a Alexei que jugaba a unos metros, construyendo figuritas de nieve con bloques de juguete coloridos. Doña María y Ana preparaban ensalada en la terraza, Dimitri ayudando a Viktor con la parrilla. —¡Esta carne va a salir perfecta, jefe! ¡Con el toque de la abuela!» dijo Dimitri, volteando un corte. Viktor se rió, con un pincho en la mano. —Si sale mal, la culpa es tuya por distraerme con historias de la boda. Ana gritó desde la mesa. —¡No me culpen si Dimitri quema todo pensando en la playa! Todos se echan a reír con diversión disfrutando de ese momento. Alexei, concentrado, apilaba bloques para hacer un “castillo” con nieve encima, Nikolai en su moisés al lado mirando curioso. Los adultos charlaban de la boda, la playa en Grecia, con pocos invitados, doña María llevando el jamón. Sofía miró a los niños desde su asiento. —Alexei, no te alejes mucho. Y Nikolai… ya casi termina su biberón. Alexei asintió sin mirar. —¡Castillo grande, mamá! Nikolai, con seis meses, y sus o grises grandes, dejó el biberón y miró hacia el bosque al fondo del jardín, a espaldas de Alexei. Allí, entre árboles nevados, una figura. El hombre alto, con un abrigo negro largo y pee ludo, un sombrero de pelaje ruso típico que ocultaba cara y barba, solo ojos visibles, fríos, azules como el hielo. La sombra. Observaba. Se agachó un poco, como si quisiera que solo Nikolai lo viera y el bebé lo miró fijamente, con curiosidad. El hombre se llevó un dedo a los labios... —shhh. Silencio. Nikolai gorgoteó bajito, con la manita extendida, pero no lloró. La sombra sonrió poquito, se notó por la comisura de sus ojos que se agruparon el las esquinas, él seguía oculto, y se escabulló lento entre árboles, desapareciendo en la nieve. Sofía se volteó y se levantó, dejando el biberón, ella no se había dando cuenta de nada, por supuesto. —Alexei, Nikolai, vengan. Vamos a tomar medidas para los trajecitos de la boda de tío Dimitri. Se acercó, vio a Alexei concentrado. —¿Qué construyes, mi amor? —¡Castillo para Niko! Ella se rió, cogió a Nikolai del moisés. El bebé señaló el bosque, gorgoteando. Sofía siguió su dedo y miró hacia donde señalaba. —¿Qué hay ahí, mi cielo? ¿Más nieve? Solo árboles, nieve, silencio. —Es solo el bosquecillo, amor. Ven, Alexei, recoge los juguetes. Vamos con papá y la abuela. Alexei recogió bloques. Nikolai miró otra vez el bosque, pero ya no había nada, sólo... nieve y más nieve. Sofía los llevó de vuelta a la terraza. —¿Todo bien?— preguntó Viktor, besándola en la mejilla. —Sí, amor. Nikolai señaló el bosque, pero es solo nieve. Creo que vio un pájaro o algo. Viktor miró rápidamente, pero nada, algo de chispa o instinto dormido estaba casi despertando, claro... Viktor siempre anda alerta, es un ex-mafioso muy atento. —Seguro. Este jardín es seguro.— se convenció, por ahora. La cena siguió, asado jugoso, ensalada, y pasando el tiempo con risas y unión. Alexei contando su castillo de bloques al lado de su hermanito Nikolai durmiendo en brazos de Ana. Nadie notó la sombra que había estado. Los días normales siguieron, juegos, planes de boda, niños creciendo. Pero la sombra volvía cuando Dimitri y Ana visitaban. Seguía observando desde las sombras con intenciones ocultas mientras la familia mantenía sus momentos felices ajena a aquel extraño agente... por ahora.






