Mundo ficciónIniciar sesiónPerseguido y acosado por varias mujeres, Pablo, un escritor que empieza a conocer el éxito, deberá resolver dos problemas: a cuál de las dos hermosas gemelas debe amar, y por qué una hermosa y juvenil pintora de arte es idéntica, en todo sentido, a la muchacha creada en su mente como protagonista de su última novela de ficción, y a quien jamás había visto antes de escribir su obra. Un misterio escenificado en el verano de una paradisiaca isla en el pacífico.
Leer másCINCO SEMANAS DESPUÉS –Creo que me da risa, pero la verdad es que me siento un poquito mal por toda esa gente –le dijo Aileen a Pablo, su respiración entrecortada. –¿A qué te refieres, mi amor? –preguntó Pablo después de haberse detenido. –Me refiero a eso –dijo ella mientras señalaba a dos muchachas y un joven, quienes, unos metros adelante, ascendían por los amplios escalones de piedra llevando sus pies descalzos. –No entiendo. ¿Acaso crees que están sufriendo mucho? Aileen soltó una corta risita. –No sé si estarán sufriendo, pero según me dijiste antes de empezar a subir este cerro, pues que alguna gente lo sube descalza o de rodillas por penitencia, por cuestión religiosa, no como yo que siempre ando así, entonces van a pensar que también lo estoy haciendo por penitencia. La pareja se encontraba ascendiendo por el camino de Monserrate, uno de los cerros tutelares de Bogotá, y su idea, así como la de todos en el camino, era la de llegar hasta
Aileen hizo dos llamadas antes de partir. Una de ellas a una empresa de grúas en Ucluelet para contratar el servicio de rescate del campero. En un par de minutos logró coordinar el traslado del vehículo a un taller automotriz ubicado en las afuera del pueblo. En la segunda llamada despertó a Aikaterina, quien había llegado de una fiesta en la madrugada y no había estado consciente de la ausencia de su hermana. En medio de su modorra, escuchó la explicación de su gemela y se mostró más despierta cuando pidió explicaciones acerca de lo sucedido con el campero. Aileen le aseguró responder por el costo del arreglo y le pidió el favor de coordinar los trabajos con los mecánicos del taller. Una vez en la carretera, sentada al lado de Jadie, la ansiedad empezó a invadirla. No sabía cuáles deberían ser las palabras por utilizar cuando tuviera a Pablo frente a frente. No quería mentirle, pero veía como algo necesario el ocultarle lo sucedido la noche anterior con su nueva amiga. Si no lo
No merecía el amor de Pablo, tampoco su perdón ni consideración alguna. Con los ojos puestos en el techo de la cabaña, habiendo estado despierta, según sus cálculos, por más de media hora, sus sentimientos de culpa no se apartaban de su mente haciendo imposible el volver a conciliar el sueño. Su cuerpo desnudo bajo las sábanas, sus piernas rosando las de Jadie, quien dormía plácidamente, sintiendo ganas de abandonar la cama, trató de descifrar la hora. Pero ya no importaba el tiempo, tampoco el momento exacto para salir de la cabaña. Había traicionado al hombre de quien estaba enamorada. Sería demasiado premio el volver a tenerlo entre sus brazos. Recordó lo sucedió la noche anterior. Jadie le hizo el amor como nadie se lo había hecho. Superaba la experiencia vivida con Karla o con alguno de sus anteriores novios. La dueña de la cabaña, después de una charla en la cual se enteró de los detalles de la relación de las gemelas con el escritor, además de la existencia de Marize, fue dulce
Como si la hubiese conocido varios años atrás y mantuvieran una estrecha amistad, Jadie atendió a Aileen como si se tratara de una princesa. Preparó la cena, le dio de beber vino tinto y puso música al gusto de la muchacha griega. Sin embargo, Aileen se preocupó al sospechar de las intenciones de Jadie para pasar la noche. Hasta el momento no había dado señal alguna de querer organizarle una cama en el sofá de la sala. Ya se había percatado de la existencia de una sola habitación en la cabaña, en la cual solo se encontraba una cama doble. Además, a pesar de lo especial en el comportamiento y las maneras de Jadie, de su mente no podía escapar la figura de Pablo. No importaba dónde pasara la noche; no podría pegar el ojo y no estaría tranquila antes de llegar al muelle de Nanaimo y ubicar al escritor suramericano. –Hace mucho no probaba una pasta tan deliciosa –dijo Aileen cuando Jadie se levantó a llevar los platos a la cocina. –Es la receta de mi abuela, ella venía de Sicili
Aileen se cansó de tocar a la puerta de su vecino. El no encontrar su auto estacionado en el camino de entrada había sido la primera señal de su probable ausencia. Resuelta a no dejarse vencer por un primer intento, rodeó la casa mirando a través de las ventanas, aprovechando la escasa luz del atardecer, con la ilusión de encontrar alguna señal de su presencia. Los muebles y decoraciones lucían igual a como los había visto durante su última visita al interior de aquella vivienda, pero a través de la ventana del estudio notó la ausencia de la máquina de escribir. Su pulso cardiaco se aceleró; el no encontrar su principal elemento de trabajo solo podría significar su partida. ¿O podría haberla trasladado a la mesa del comedor? Se desplazó hasta la correspondiente ventana y solo encontró la mesa con sus cuatro sillas. Corrió de regreso al borde del acantilado; necesitaba hacerle una pregunta a su hermana. La encontró sentada sobre el césped, su mirada puesta en el sol mientras
Aileen se cansó de tocar a la puerta de su vecino. El no encontrar su auto estacionado en el camino de entrada había sido la primera señal de su probable ausencia. Resuelta a no dejarse vencer por un primer intento, rodeó la casa mirando a través de las ventanas, aprovechando la escasa luz del atardecer, con la ilusión de encontrar alguna señal de su presencia. Los muebles y decoraciones lucían igual a como los había visto durante su última visita al interior de aquella vivienda, pero a través de la ventana del estudio notó la ausencia de la máquina de escribir. Su pulso cardiaco se aceleró; el no encontrar su principal elemento de trabajo solo podría significar su partida. ¿O podría haberla trasladado a la mesa del comedor? Se desplazó hasta la correspondiente ventana y solo encontró la mesa con sus cuatro sillas. Corrió de regreso al borde del acantilado; necesitaba hacerle una pregunta a su hermana. La encontró sentada sobre el césped, su mirada puesta en el sol mientras










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