No merecía el amor de Pablo, tampoco su perdón ni consideración alguna. Con los ojos puestos en el techo de la cabaña, habiendo estado despierta, según sus cálculos, por más de media hora, sus sentimientos de culpa no se apartaban de su mente haciendo imposible el volver a conciliar el sueño. Su cuerpo desnudo bajo las sábanas, sus piernas rosando las de Jadie, quien dormía plácidamente, sintiendo ganas de abandonar la cama, trató de descifrar la hora. Pero ya no importaba el tiempo, tampoco el