EPÍLOGO

CINCO SEMANAS DESPUÉS

–Creo que me da risa, pero la verdad es que me siento un poquito mal por toda esa gente –le dijo Aileen a Pablo, su respiración entrecortada.

–¿A qué te refieres, mi amor? –preguntó Pablo después de haberse detenido.

–Me refiero a eso –dijo ella mientras señalaba a dos muchachas y un joven, quienes, unos metros adelante, ascendían por los amplios escalones de piedra llevando sus pies descalzos.

–No entiendo. ¿Acaso crees que están sufriendo mucho?

Aileen soltó una corta risita.

–No sé si estarán sufriendo, pero según me dijiste antes de empezar a subir este cerro, pues que alguna gente lo sube descalza o de rodillas por penitencia, por cuestión religiosa, no como yo que siempre ando así, entonces van a pensar que también lo estoy haciendo por penitencia.

La pareja se encontraba ascendiendo por el camino de Monserrate, uno de los cerros tutelares de Bogotá, y su idea, así como la de todos en el camino, era la de llegar hasta
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