Aileen se cansó de tocar a la puerta de su vecino. El no encontrar su auto estacionado en el camino de entrada había sido la primera señal de su probable ausencia. Resuelta a no dejarse vencer por un primer intento, rodeó la casa mirando a través de las ventanas, aprovechando la escasa luz del atardecer, con la ilusión de encontrar alguna señal de su presencia. Los muebles y decoraciones lucían igual a como los había visto durante su última visita al interior de aquella vivienda, pero a tr