Mundo ficciónIniciar sesiónHola, soy Sienna Miller. Madre soltera, experta en sobrevivir con poco dinero y en fingir que tengo todo bajo control. Mi hijo Leo está convencido de que puede conquistar el mundo con nuggets de pollo y una sonrisa encantadora. Todo iba relativamente bien hasta que el nuevo dueño de la galería donde trabajo apareció frente a mí. Aidan Volkov. El multimillonario con el que pasé la noche más intensa de mi vida. El hombre que nunca supo mi nombre. Y el verdadero padre de mi hijo. Por suerte, él no me reconoció al principio. Por desgracia, se convirtió en mi jefe. Es frío, autoritario y ridículamente atractivo. Intenté mantener el secreto, pero todo se fue al demonio en un segundo. mi hijo provocó un desastre en la galería, destruyó tres obras de arte exclusivas.. ¿El resultado? Una deuda millonaria que no podré pagar ni en tres vidas. Aidan me dejó las cosas claras: o voy a la cárcel y pierdo a mi hijo, o firmó un contrato para casarme con él durante un año para que pueda obtener la herencia de su familia. Ahora toda la alta sociedad me tacha de ser una cazafortunas rebelde que atrapó al soltero más codiciado. Todos creen que soy una oportunista que se ganó la lotería. Pero mientras vivo bajo su techo y soporto sus reglas, tengo que ocultarle lo más importante: que el pequeño niño travieso por el que firmé ese maldito contrato no es un extraño... es su propio heredero. Si soy sincera, esto solo puede terminar en desastre.
Leer másMi vida se puede resumir en tres cosas: sobrevivir con poco dinero, tomar malas decisiones para intentar arreglarlo y criar a un niño de cuatro años que vino a este mundo con la misión de acabar con mi cordura.
Si existiera un manual para madres solteras que son un desastre, yo sería la autora, el libro seguro estaría manchado de café y con las esquinas mordidas por un niño que jura ser un tiranosaurio Rex.
—Leo, baja de ahí —dije, intentando sonar autoritaria.
—No —respondió, muy decidido.
Respiré profundo, cuando iba en dos ya perdía la paciencia.
—Si te caes, no te recojo, te lo advierto.
Él me sostuvo la mirada como si me evaluara.
—No me voy a caer, soy fuerte —dijo, alzando un brazo y cerrando el puño.
Mi hijo medía poco más de un metro, llevaba su camiseta de dinosaurios y estaba trepado sobre una escultura que costaba más de lo que yo ganaría en diez años.
—Baja ahora mismo, despacio —caminé hacia él con cuidado.
—Mira, mami —dijo, ignorándome.
De pronto saltó.
—¡LEO! —grité, mi corazón se detuvo un microsegundo.
Cayó con las rodillas flexionadas, sin un rasguño, eso me indicó que no era la primera vez que lo hacía.
—¿Viste? No me pasó nada —sonrió, orgulloso.
—A mí sí —respondí, llevándome la mano al pecho— me acabas de quitar diez años de vida.
Lo tomé del brazo y lo jalé hacia mí.
—Leo, esto no es un parque, las cosas que están aquí no se tocan, no se trepan y no se usan de trampolín.
—Pero está aburrido, no hay nada.
—Hay arte.
—El arte es aburrido.
—El arte paga los nuggets que te gustan comer.
Sus ojos se iluminaron.
—¿Con papas?
—Sí, con papas, pero si rompes algo, comemos aire.
—No me gusta el aire.
—A mí tampoco, por eso coopera.
Se quedó pensando un momento.
—Mami…
—¿Qué?
—¿Yo tengo papá? —Palidecí.
Sabía que esa pregunta llegaría, pero no creí que tan pronto, nunca sería un buen momento.
—Claro que tienes —respondí, acomodándole la camiseta— todo el mundo tiene.
—¿Y dónde está? Mi amiguito del parque siempre juega con el suyo.
—Trabajando —dije— muy lejos.
—¿Más lejos que la tienda de nuggets?
—Mucho más lejos, mi amor.
Se quedó en silencio.
—Ah —murmuró— cuando venga le voy a enseñar a saltar como yo.
Sentí algo raro en el pecho.
—Primero aprende a no romper cosas —le di un golpecito suave en la frente—. luego vemos.
Asintió muy serio tres segundos después intentó tocar un cuadro con la punta del dedo.
—¡Leo!
—Solo estoy viendo.
—Se ve con los ojos, no con las manos.
—Pero mis manos también quieren ver.
Cerré los ojos un segundo, respira, Sienna, respira.
En ese momento, escuché que alguien se acercaba.
—¡Sienna!
Giré la cabeza y vi a Maya caminando hacia mí.
—¡Tenemos un problema!
Genial, justo lo que necesitaba.
—Dime que no se rompió nada —le dije antes de que hablara.
—No, es algo peor, el nuevo dueño viene hoy, está en camino, llega en cualquier momento.
Miré a Leo, que intentaba abrir una puerta que no debía abrir.
—Hoy no —murmuré.
—Hoy sí, tienes que sacar a Leo de aquí ahora, nuestro nuevo jefe es muy exigente.
—¿A dónde lo llevo? La niñera tiene permiso toda la semana.
—Entonces escóndelo.
—Maya...
—Solo serán unos minutos.
No tenía una idea mejor.
—Leo —lo llamé— vamos a jugar a las escondidas, pero tienes que quedarte completamente en silencio, si haces ruido, pierdes.
—No voy a perder —dijo muy serio.
Lo llevé al fondo de la galería, donde había un pequeño cuarto de almacenamiento, y abrí la puerta.
—Te quedas aquí y no sales hasta que yo venga. ¿Entendido?
—¿Cinco minutos?
—Sí —mentí.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
—Voy a ganar —dijo, y se le iluminó el rostro.
—Claro que sí —le di un beso en la frente— eres el mejor escondiéndote.
—Como un ninja.
—Exacto.
Lo metí dentro y cerré la puerta, me quedé un instante parada frente a ella. Esto definitivamente iba a salir mal.
—Sienna —dijo Maya— ya llegó.
Tragué saliva, me acomodé la ropa, me pasé una mano por el cabello y caminé hacia la sala principal.
La puerta se abrió lentamente, primero vi unos zapatos perfectamente lustrados, luego un traje oscuro hecho a la medida que se ajustaba perfectamente a unos hombros anchos.
Alcé la vista hasta su rostro, y en ese momento sentí que el suelo se inclinaba.
Frente a mí estaba Aidan Volkov.
Punto de vista de SiennaTasha estaba ahí, sentada pegada a Aidan como si fuera parte del sillón, tenía su manos colocada sobre su pierna, la marca en el cuello de Aidan se veía más roja. No podía dejar de mirarla. Imaginé sus manos en la piel de él, su boca chupando fuerte, los dos encerrados en esa habitación, esas imágenes me dieron ganas de vomitar.“Ya no es tuyo, Sienna, tienes que hacerte a la idea de que solo es el padre de Leo, nada más.” Me dije, tratando de convencer a mi necio cerebro.Pero aún así dolía, quería arrancarle el pelo a esa víbora, quería gritarle a Aidan que era un hijo de puta. No hice nada, me quedé parada como idiota porque si abría la boca, él podía decidir que ya no quería que viera a mi hijo.En ese momento Leo bajó corriendo las escaleras.—¡Mami! ¡Mami, ven a ver una película conmigo!Maya venía detrás, se detuvo e hizo una cara de asco al ver a las visitas. Leo ni las miró, corrió directo hacia mí y se abrazó a mis piernas con fuerza. Escondió la ca
Punto de vista de AidanBajé las escaleras con Tasha pegada a mi como garrapata, su mano se aferraba a mi cintura como si le perteneciera, la playera y el pantalón deportivo que le di le quedaban grandes, pero ella caminaba como si llevara un vestido de gala, sabía exactamente lo que estaba haciendo. Y yo la dejaba.Sienna estaba ahí, parada en medio de la sala, sus ojos se clavaron primero en mis labios, luego bajaron a mi cuello. Vi cómo su respiración cambió al ver la marca roja que Tasha me había dejado cuando se me lanzó encima en la habitación, tuve que detenerla, no la soportaba, y ahora solo la usaba para hacerle pagar a Sienna un poco de lo que me había hecho.Perfecto.—¿Ya limpiaste el desastre, Sienna? —pregunté con voz fría, sin soltar a Tasha.Ella no respondió, solo apretó los labios, mi madre soltó una risa corta y desagradable.—Afortunadamente ya lo hizo, pero le pedimos algo más y no lo ha traído, Viktor, dile algo.Mi padre ni siquiera la miró, solo hizo un gesto c
Punto de vista de SiennaLa bilis me subió por la garganta, la visita inesperada de esa gente me revolvió el estómago, pero, por mucho que me doliera admitirlo, Aidan y yo ya no éramos un matrimonio, ya ni siquiera existía un contrato entre nosotros, ahora solo los unía Leo.Tasha Sterling estaba ahí, aferrándose al brazo de Aidan, pegando su cuerpo al de él, rozándose con descaro, sin importarle en lo más mínimo que yo estuviera allí observandolos.Y como si la presencia de esa mujer no fuera suficiente tortura, ahí estaban los padres de Aidan. Elina observaba la exhibición de Tasha con una sonrisa, mientras tanto, Viktor me clavaba una mirada de desprecio.Elina se dirigió hacia mí con un ademán altanero.—Mujer, ¿qué haces ahí parada? —su voz sonó exigente— ve a buscar un buen vino.¿Desde cuándo estaba yo ahí para atenderlos como si fuera parte del servicio de la mansión? Me quedé parada, como si no la hubiera escuchado.Al ver que no me movía, Elina frunció el ceño, indignada, y
Pov AidanA veces las cosas no suceden como uno quiere, una parte de mi necesitaba de ella, pero otra, la más racional, me impedía perdonarla y acercarme a ella.La observé por un momento, Sienna estaba sentada frente a mí, la había mandado a llamar, , algo inusual considerando la distancia que había mantenido los últimos días.—Necesito que te sientes, me escuches, y seas completamente honesta conmigo.—Siempre intento serlo, Aidan, dime, ¿qué ocurre? —respondió.Solté un suspiro y crucé los brazos, intentando mantener mi coraza intacta.—Es sobre tu padre, el Grupo Volkov está asfixiando sus finanzas, están cortando todas sus vías posibles, necesito que me ayudes a anticipar sus movimientos. Eres su hija, eres la que mejor lo conoce. ¿Qué está buscando realmente?La vi bajar la mirada.—Te equivocas, Aidan —murmuró— en realidad lo conozco muy poco.Fruncí el ceño, incapaz de creerle del todo.—Creciste bajo su techo, Sienna.—No lo entiendes —me interrumpió, alzó el rostro y sus o
Último capítulo