¿Quién es Aidan Volkov?

Hace cinco años.

La noche que Aidan y yo pasamos juntos, debo aceptar que fue inolvidable.

Era el día de mi graduación, por fin terminaba la universidad para comenzar mi vida, había bebido demasiado vodka, y celebraba bailando encima de una silla.

Él era nuestro padrino de generación, debido al escándalo que estaba armando se acercó para llamarme la atención, discutí con él un par de minutos, pero justo en ese momento, sentí un mareo terrible, me fui de espaldas, y caí en sus brazos.

Después de tanto vodka, yo ya no pensaba con claridad y él era demasiado guapo, así que terminé besándolo.

Él se detuvo un segundo, noté que también había bebido, pero mucho menos que yo, pensé que me iba a soltar, pero no lo hizo.

Subió las escaleras conmigo en brazos, abrió la puerta de un dormitorio de una patada y me tiró sobre la cama.

—Estás borracha —gruñó.

—Y tú eres un idiota —contesté, jalándolo de la corbata para acercarlo.

Me besó, sus manos fueron directo al cierre de mi vestido y lo bajó de un tirón, no hubo caricias suaves ni palabras bonitas, solo deseo.

Me quitó el vestido y el sujetador en segundos, sus manos fueron hasta mis pechos, apretándolos mientras su boca bajaba por mi cuello. Me besó con hambre, sabía besar muy bien, después bajó su boca hasta mis pezones, y chupó hasta que gemí.

Me abrió las piernas con las rodillas y se colocó entre ellas, se quitó la camisa y los pantalones sin dejar de besarme, sentí su erección dura contra mi vientre.

Deslizó las yemas de sus dedos sobre mi cuerpo, estaba mojada y él lo notó, me frotó el clítoris, moviendo sus dedos en círculos hasta que empecé a temblar, luego metió dos dedos dentro de mí y los movió con ritmo mientras seguía besándome.

No aguanté mucho, de repente todo mi cuerpo se tensó, un fuerte calor me subió por el vientre y me corrí en su mano, soltando un gemido, fue como si algo explotara dentro de mí, sentí que me apretaba alrededor de sus dedos sin poder controlarlo.

“Joder, ¿esto es correrse?” Me pregunté, era mi primera vez y lo estaba haciendo con un completo extraño, ni siquiera sabía que se podía sentir tan intenso, qué vergüenza y al mismo tiempo qué rico.

Aidan me levantó las piernas, las puso sobre sus hombros y me penetró de un solo empujón, sentí un dolor agudo al principio, se detuvo un segundo, se me quedó mirando y luego comenzó a follarme fuerte, profundo, sin parar.

El dolor se fue convirtiendo poco a poco en placer.

Después me dio la vuelta y me puso a cuatro, me agarró de las caderas y entró de nuevo, tenía una mano en mi cintura y la otra metida entre mis piernas frotándome el clítoris, me corrí por segunda vez, él lanzó una especie de débil gruñido.

Nos quedamos un rato jadeando, él recostó su cabeza sobre mi pecho, no dijimos nada, ni cuenta me di cuando nos quedamos dormidos.

Desperté casi al amanecer, con un terrible dolor de cabeza, como si un diminuto hombrecillo pícara piedra dentro de ella.

Abrí los ojos, lo primero que vi fue un pecho tatuado. ¡Y qué pecho! Era tan ancho como una autopista, me tomó tres segundos recordar que no estaba en mi cama, estaba junto a un maldito CEO que seguramente desayunaba diamantes.

Aidan Volkov dormía como un tronco, pero debo decir que un tronco muy guapo, tenía su brazo sobre mi cintura, con todos esos músculos pesaba como si fuera de plomo..

Con un cuidado empecé a moverme, tenía que separarme de él sin que se despertara, el problema es que él seguía aferrado a mí como si fuera su tesoro más preciado, quité su brazo poco a poco,  él soltó un leve gruñido en sueños y me apretó más.

Casi me da un infarto.

Cuando por fin logré salir de esa cama, tomé mi ropa y me vestí lo más rápido que pude, y escapé por la ventana (sí, por la ventana, no quería que nadie me viera saliendo de esa habitación).

Me alejé de ahí, sentí una sensación extraña en mi pecho, un anhelo tonto, sacudí la cabeza, ¿Qué clase de persona sería un hombre que buscaba aventuras de una noche? Seguro acostumbraba a buscar chicas en los clubes nocturnos, así como en las graduaciones.

Solo había sido una aventura de una noche, nada más, y yo ya no era virgen, fin del cuento.

Ese mismo día Maya y yo viajamos a la ciudad, tal y como ya lo teníamos planeado.

Nos instalamos en nuestro pequeño departamento que previamente habíamos alquilado, afortunadamente encontramos buenos trabajos.

Dos semanas después empecé con mareos y antojos extraños, pepinillos con nutella y mermelada, Maya me observaba preocupada, me arrastró al doctor sin importarle que yo me negará.

Después de hacerme algunos exámenes, llegó la noticia que no esperaba, estaba embarazada.

—¡Tienes que decírselo al padre! —Exclamó Maya en cuanto llegamos al departamento.

—No, yo puedo con esto.

—Sienna, sabes bien cómo se pasa la vida sin el apoyo de un padre.

—Lo sé, pero mi hijo tendrá a su madre, su vida no será como la mía.

—No puedes negarle a tu hijo ese derecho, habla con él, no tomes una decisión tan a la ligera.

Después de dos horas de insistir, terminó convenciéndome, regresaría a Silver Falls para hablar con Aidan Volkov.

Un día antes de mi regreso, Maya y yo desayunábamos frente al televisor, viendo el noticiero, los reporteros armaban todo un revuelo, la cámara enfocó a un hombre, era el mismísimo Aidan.

Instintivamente llevé las manos hasta mi vientre, como diciéndole a mi hijo que ese era su padre.

Todo iba bien hasta que la cámara enfocó a una mujer a su lado, era Tasha Sterling, una reconocida heredera millonaria, ella sonreía mientras se colgaba de su brazo.

—Nos alegra anunciar el compromiso…

El reportero siguió hablando, pero yo ya no podía escucharlo.

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