La noche había caído con una intensidad silenciosa y gélida sobre el rancho Iron River. La nieve, apenas perceptible al principio, comenzó a caer en copos densos y perezosos, envolviendo los extensos terrenos en una manta blanca y amortiguadora. Dentro del granero principal, la temperatura era más soportable, pero la atmósfera estaba cargada de una tensión febril.
Joe no tenía ojos para el paisaje invernal. Toda su atención estaba volcada en la yegua más valiosa de su rancho, Diosa, una campeon