La sala de crisis en la mansión Briston estaba sumida en una penumbra técnica. Solo las pantallas de las computadoras y el parpadeo de los equipos de rastreo de la policía iluminaban los rostros de Abigail, Joe y Arthur. El ambiente estaba cargado de un olor a café rancio y la electricidad estática de los nervios a punto de estallar.
Entonces, el primer video llegó.
El silencio fue absoluto cuando el archivo se descargó en la pantalla principal. En la imagen, Cael aparecía en una cuna de mimbre