La inacción es una forma lenta de tortura, y para Abigail Briston, cada minuto de silencio era un clavo ardiendo en su pecho. Mientras Arthur y la capitana Torres analizaban perfiles psicológicos y frecuencias de señal, ella sentía que el oxígeno en la mansión se estaba agotando. Su hijo estaba en algún lugar, respirando el mismo aire viciado de una mujer que había perdido la razón, y ella solo estaba allí, sentada, esperando que el "silencio" hiciera su trabajo.
El detonante fue un mensaje de