El Dr. Marcus Thorne era un ciclón de alivio. La tosquedad de su bienvenida se había disuelto en una efusividad casi desesperada. Mientras guiaba a Abigaíl a través de su clínica impecable, sus palabras eran una marea de información sobre la vida veterinaria en Big Fork.
—Dra. Astor, le pido mil disculpas por esta bienvenida tan abrupta, pero estoy hundido. No es solo la faena diaria, es la falta de un buen par de manos que no se acobarden. Tengo clientes a los que no puedo ignorar. Necesito qu