Danna llevó otro bocado a la boca y cerró los ojos un instante, saboreándolo con calma.
—Esto está delicioso, John —dijo al fin, sincera—. De verdad… disfruto cada bocado.
Él levantó la vista del plato, complacido.
—Me alegra —respondió—. No suelo cocinar para mucha gente.
Ella sonrió y añadió, con un tono ligero que buscaba romper la solemnidad:
—Eres mejor cocinero que jefe.
John soltó una risa breve, genuina, apoyando el codo sobre la mesa.
—Eso espero que no lo repitas en la joyería —bromeó