Mundo ficciónIniciar sesiónUna sola noche. Las Vegas debia ser solo una noche. O al menos eso creia Valentina. Pero cuando Valentina De Rosa se entera que esta embarazada de Adrian Volkov, un mafioso importante de rusia y el actual enemigo de su prometido, su vida cambia por completo. Lo que al comienzo es una relacion basada por la lujuria y el caos de su mundo, rapidamente se transforma en algo mucho mas peligroso dentro de la mafia: El amor. Mientras su enemigo busca la manera de acabar con ellos, las traiciones empiezan a destruir imperios y el pasado amenaza con consumirlos por completo, Adrian y Valentina deberan ver hasta donde estan dispuestos llegar para proteger a la familia que estan construyendo en medio del peligro. Porque en un mundo lleno de sangre, traiciones y poder, el amor puede ser la debilidad mas letal de todas.
Leer másValentina De Rosa
Abro la puerta del penthouse que estaba ubicado en el centro de la ciudad. Un lujoso penthouse que compartía hace ya más de dos años con mi prometido, Alessandro De Luca. Cuelgo mi abrigo en el perchero de la entrada y caminó hasta la sala mientras sacaba mi teléfono de mi bolso. Había tenido una larga tarde en la boutique donde confeccionaban mi vestido. Una de las dependistas tomó mal mis medidas y provocó que el corset de mi cuerpo quedará demasiado ajustado al punto de casi romperme las malditas costillas. Estaba a punto de marcar el número de Alessandro cuando un gemido femenino resonó por el pasillo. Alzo la mirada para encontrarme con la hermosa vista de la ciudad de Chicago mientras me cuestionaba si era parte de mi imaginación o en verdad aquel sonido era real. Un nuevo gemido resuena y puedo oír a lo lejos un murmullo. Mi cuerpo se tensa y me giro hacia el pasillo principal donde provenían los ruidos. Camino de manera lenta, siendo lo más cuidadosa en no provocar algún ruido que alarme a la intrusa que estaba en este mismo instante en mi piso. Me detengo frente a la puerta que estaba entre cerrada, un nuevo gemido resuena en la habitación junto al eco de los choques de cuerpos. Mi mirada baja hacia mis pies donde una corbata estaba en el suelo. La corbata de Alessandro. Abro la puerta y mi estómago se revuelve al ver la imagen frente a mi. Una mujer de cabello pelirrojo yacia sobre el regazo de mi prometido mientras lo montaba con un alto entusiasmo. Las manos de Alessandro se alternaban desde sus caderas hasta su trasero el cual estaba en un rojo vivo por la cantidad de nalgazos que debió propinarle antes de mi llegada. —¿Interrumpo algo?---mi tono de voz es bajo, pero frío. La mujer suelta un grito por mi debida invasión y se aleja de Alessandro quien se pone pálido ante el hecho de haberlo descubierto. Joder, no podía ser tan estúpido. —Valentina…—Alessandro susurra mientras se coloca de pie rápidamente y agarra su ropa interior. Mi mirada se posa en la mujer pelirroja que trataba de cubrir su desnudez con las sábanas de la cama. Mi propia cama. Oh dios, que puto asco, ni en mis peores sueños volveré a dormir en esa maldita cama. Las marcas en su cuello eran notorias, al igual que en sus caderas, dónde seguramente se formarían hematomas por la fuerza que Alessandro había estado ejerciendo. —Vete—me dirijo a la mujer y ella traga grueso—. Ahora. Ella toma su ropa y abandona la habitación mientras yo volteaba a ver a Alessandro que se estaba abotonando la camisa, ocultando las marcas rojizas en su pecho. Cortesía de su amante. —Valentina, hablemos… —¿Desde cuándo?---exijo saber Necesitaba saber desde cuándo me estaba viendo la cara de estúpida. Desde cuándo se acostaba con esa mujer que acababa de abandonar la habitación. —Valentina… —Responde mi maldita pregunta, Alessandro—espeto sintiendo la rabia crecer en mi interior. —Unos cuántos meses. Suelto una risa sin ganas mientras me volteaba para ver la hermosa vista que tenía la habitación hacía parte de la ciudad. Meses. Meses engañandome. Meses estando con esa mujer. Solo había pasado un año desde nuestro compromiso. Un año desde que decidimos que lo mejor para nosotros, nuestras familias y la organización era que nos casaramos. Alessandro y yo éramos la pareja perfecta. Dos herederos de familias importantes dentro de la Élite de nuestro mundo. Él siendo el siguiente en ocupar el lugar como Capo y yo siendo la primogénita de la familia más leal a la suya. Nuestros padres, viejos amigos que siempre soñaron con que ambos nos casaramos y unieramos a nuestras familias como una sola. Todo estaba casi listo, quedaban solo ocho semanas para la ceremonia. Dos meses solamente. Dentro de dos meses más yo iba a convertirme en su esposa, la mujer que iba a dar a luz a sus hijos, quién lo iba acompañar en cada evento y decisión que él tomara. —¿Solo fue ella?---volteo a verlo La mirada verdosa de Alessandro se conecta con la mía y no responde, pero eso para mí fue más que suficiente. Niego con una sonrisa mientras veía el desastre a mi alrededor. Joder, ni siquiera es capaz de llevarla a un maldito motel. —Fue un desliz, Val, un error. —El error aquí fue esto—nos señaló a ambos y él frunce el ceño—. Nunca debimos estar juntos. —No digas eso, mi amor, tu sabes que te amo. —Si me amarás tanto jamás te hubieras metido con quién sabe cuántas mujeres más—suelto —¿¡Qué querías que hiciera!? ¡Tú nunca quieres follar!---me señala —¿¡Y esto es mi maldita culpa ahora!?---siento mi ira aumentar de manera rápida —¡Lo es!---espeta alzando los brazos y pasó sus manos por su cabello—. ¡Nunca follamos, siempre estás muy cansada para tener sexo y prefieres pasa horas en boutique tras boutique! ¿¡Cuándo fue la última vez que follamos, eh!? ¿¡Hace seis o siete meses quizás!? —¡Estaba preocupada preparando nuestra boda, Alessandro! ¡Yo iba a ser tu esposa! ¡Tu único deber era respetarme a mi y nuestro compromiso! —¡Vas a ser mi esposa!---me señala —Oh no—rió negando y sacó el anillo compromiso de mi dedo anular—. Ni siquiera creas que voy a casarme ahora contigo—lanzó el anillo a la cama—. Esto se acabó, Alessandro. Puedes casarte con alguna de tus amantes si tanto deseas una esposa. Y sin esperar una respuesta de su parte, abandonó la habitación a paso rápido y decidido, tomó mi bolso y mi abrigo para así abandonar el penthouse de Alessandro. •••••••• —Wow—Camila cierra la puerta con sorpresa mientras frunce el ceño ante mi repentina llegada—. Estás enojada y bastante, ¿Que ha pasado? —Alessandro lleva meses engañándome, se ha acostado quien sabe que mujeres. —Espera, ¿Que m****a?---Camila se cruza de brazos —Llegué al penthouse y estaba dispuesta a llamar a Alessandro para así ir a cenar o hacer algún plan entre nosotros, cuando oí gemidos provenientes de mi habitación. MI habitación, Camila, así que fui a ver y me encuentro a una mujer montando a Alessandro. —¡Es un bastardo! ¿¡Cómo carajos se le ocurre engañarte!? ¡La boda será dentro de dos meses! —Ya no habrá boda, Camila—declaró —¿Ya le avisaste a tus padres? —Mis padres es lo que menos me importa, no me casare con un hombre que lleva meses engañándome. —¿Cómo te sientes, Val? Me callo sin saber qué responder y suspiro frustrada. —No lo sé—murmuró mientras tomaba asiento en su sofa—. Alessandro ha sido el primer hombre en mi vida. Primer novio, primer beso, primer todo, pero creo que deje de amarlo hace mucho. —¿Entonces por qué accediste a la boda? —En ese momento lo amaba, pero después en el paso de las semanas mi interés en él iba decayendo. Creí que era porque estaba tan enfocada en planear mi boda perfecta que jamás me cuestioné lo que sentía por él. Creo que una de las mayores señales fue que ni siquiera sentía atracción por él en la cama. —Joder… —Creo que el haberlo encontrado con otra fue lo que necesitaba para así evitar pasar una vida a su lado sin sentir ni una pizca de amor. ¿Le tengo cariño? Es muy probable, crecimos juntos. Nuestras familias siempre han sido muy cercanas. —Creo que esto amerita una escapada de mejores amigas. —¿Escape?---enarco una ceja —Un viaje, tú y yo. —¿Y dónde? Camila lo pensó unos segundos y luego sonríe de lado mostrando aquel brillo malicioso. —Vamos a Las Vegas, cariño. —¿Y cuando, mañana?---me burlo —Esta misma noche. Dos semanas, tu y yo lejos de esta ciudad y organización que tanto nos asfixia. Podemos pedir el jet privado de mi familia. —Ni siquiera tenemos una maleta. —Ambas venimos de familias millonarias, Val. Podemos comprar ropa allá en Las Vegas, ¿Traes tu documentación? —Nunca salgo sin ella —Entonces no se diga más, nos vamos a Las Vegas. Joder. Está podría ser la mejor o la peor decisión de mi vida. Y eso solo se iba a descubrir con el paso de los siguientes días.Adrian Volkov Tras las felicitaciones de todos los invitados, finalmente pasamos a la fiesta de nuestra boda. Extiendo la mano hacia mi esposa y ella la recibe con una sonrisa radiante. Pasamos a la pista para nuestro primer baile como esposos. Por mi no haría esto, pero Valentina estaba tan ilusionada con el día de nuestra boda que fue inevitable no acceder. —¿Eres feliz, señora Volkova?—Muy feliz —responde —Te ves como una jodida reina —Mhm, ya lo sabia, pero gracias —rie —Eres increíble, mujer—ruedo mis ojos —Y asi me amas, Adrián. —Eso es cierto, malyshka —beso su frente —Yo también quiero bailar—habla Amelia y bajamos la vista. Ella nos veía con su hermosa sonrisa y esos ojos grisáceos brillando de emoción. Tomamos sus manos y comenzamos a bailar los tres juntos, haciendo que ella gire en medio de risas y salte emocionada. El resto de la fiesta se basó en bailes con mi hija, bailar con mi esposa y disfrutar de la velada mientras veía como Amelia correteaba por todo el
Valentina De Rosa16 de agosto, 2023—¡Mami! ¡Mami! Me volteo en el momento que Amelia entra corriendo a la habitación, sonriendo mientras sostenía su canasta de rosas y agitando la falda de su vestido. —¡Soy una princesa, mami! Ella da giros que me hacen sonreír y luego se tambalea en el momento que se detiene. Katya alcanza a sostenerla con una suave sonrisa y me arrodilló frente a ella. —Siempre has sido una princesa, mi amor —acaricio su mejilla —Lo sé—sonrie feliz—pero hoy parezco una princesa, ¿Me veo bonita? —Te ves preciosa—beso su frente Amelia me sonríe, mostrándome sus hermosos hoyuelos. Sus ojos grises, iguales a los de Adrián, se achinan en el momento que sonríe. —Es hora del vestido—habla Camila sonriendo Me levanto lentamente sintiendo un fuerte nudo en mi estómago. Hace cuatro años atrás no me sentía así, definitivamente no. —Vamos, muñequita—Katya toma la mano de mi hija, quien le sonríe—quizás podemos robar algún dulce de la mesa. —¡Si!—No le des tanta az
Adrian VolkovDos semanas. Eso llevaba Alessandro en el sótano de la casa de seguridad. Cada día y noche, al menos uno de nosotros bajaba a visitarlo y nos aseguramos que aún respiraba. Ni Valentina ni Katya habían vuelto al sótano, pero sabíamos que en un momento ambas iban a bajar para finalmente acabar con todo. Mi hija ríe en los brazos de Nevio, quien le hacía extrañas muecas mientras la sentía en sus brazos. Su risa hace eco en la sala, llenándola de aquel suave e inocente sonido. Desde que todos supieron que Amelia había aprendido a reír, al menos uno de nosotros se encargaba de hacerla reír solamente para poder escuchar esa risita que calmaba hasta las peores tormentas. Mi hija estaba a tan solo dos semanas de cumplir los cuatro meses de su nacimiento. Y yo no quería que siguiera creciendo. Valentina entra a la sala y se acerca a Nevio para tomar a nuestra hija, quien balbucea dándole una hermosa sonrisa a su madre. —Agradezco que entretengas a mi hija, Nevio, pero es
Narrador Omnisciente Todos en la mansión Volkov dormían profundamente. Vladimir y Ekaterina dormían en su habitación. Camila y Nevio dormían en la habitación de Camila. Cassio dormía en el sofá de la habitación de Katherina, según él, para asegurarse que Katya estuviera bien. Adrian y Valentina dormían en su habitación, con la pequeña Amelia durmiendo entre ambos. Pero la única que no estaba dormida era Katherina.Ella abandona la tranquilidad de su habitación y suspira mientras bajaba las escaleras, dirigiéndose a una zona exacta de la enorme casa de seguridad de la familia Volkov. Ingresa al sótano, sintiendo un escalofrío recorrer su cuerpo. —Dejame entrar—le pide al guardia —Tenemos que recibir autorización del jefe, señorita Volkova.—Déjame entrar. Ahora—exige El guardia suspira y abre la puerta de la habitación donde estaba Alessandro. Ella entra a paso lento, para encontrar al hombre de todo su infierno, amarrado a una silla y encadenado. Ya no era el mismo Alessand





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