Danna bajó las escaleras con el corazón latiéndole con fuerza, obligándose a recuperar la calma antes de volver al mostrador. El sonido de la joyería la envolvió de nuevo: voces educadas, risas suaves, el tintinear del cristal. Todo seguía igual… y sin embargo, para ella, nada lo estaba.
—¿Todo bien? —preguntó Milli cuando la vio acercarse.
—Sí —respondió Danna con una sonrisa breve—. Solo cosas de trabajo.
Milli asintió sin darle mayor importancia y volvió a lo suyo. Sofía seguía atendiendo cl