El trayecto hacia el edificio principal de la joyería fue un despliegue de poder silencioso. Dos vehículos negros escoltaban el coche de John, una medida que él consideraba necesaria no por miedo a Thomas, sino por el respeto que le debía a la seguridad de Danna. Ella, sentada en el asiento trasero, entrelazaba sus dedos con fuerza, sintiendo el relieve del botón de pánico en su bolsillo.
Al llegar, el vestíbulo de la joyería —un templo de mármol y cristales blindados— estaba inusualmente vacío