John se acercó al escritorio y observó la pantalla. El código del vuelo parpadeaba en rojo, una señal inequívoca de que la tormenta ya cruzaba el océano. El tiempo de las palabras se había agotado.
—Llegará en doce horas —dijo John, con una calma que resultaba más aterradora que cualquier grito—. Suficiente para que aterrice cansado, desesperado y cometiendo errores.
Danna se acercó a él, observando el mapa de vuelo en el monitor. El punto que representaba el avión de Thomas se movía con una le