El reloj marcó la una de la tarde y, como todos los días, el ambiente de la joyería empezó a relajarse. Las vendedoras acomodaban sus mostradores para salir a almorzar, comentando entre ellas qué restaurante escogerían esa vez. Sofia se acercó a Danna, recogiéndose el cabello en una coleta alta mientras le sonreía.
—¿Vienes, Danna? Estamos pensando en ir por unas pastas —dijo con tono animado.
Danna levantó la mirada desde el mostrador donde ordenaba unos collares nuevos que habían llegado e