Danna fue la primera en llegar a la joyería. El reloj marcaba ya pasadas las ocho de la mañana y el lugar estaba despierto, iluminado, con ese brillo frío que siempre desprendían las vitrinas llenas de piezas costosas. El sonido suave del aire acondicionado llenaba el ambiente, mezclado con murmullos bajos y el tintinear ocasional del vidrio.
Las demás chicas ya estaban allí.
Sofía se encontraba atendiendo a unos clientes frente a uno de los mostradores principales. Hablaba con su tono amable d