La mesa estaba servida con más cuidado del habitual. Tom había acomodado dos copas de vino, un centro de mesa sencillo y la comida que Danna había preparado desprendía un aroma cálido que hacía que la casa se sintiera menos fría de lo normal. Danna, con el cabello suelto y todavía con las mejillas encendidas por las flores que él le había traído, colocó la fuente en el centro mientras Tom le sostenía la silla para que se sentara.
Los primeros minutos transcurrieron sorprendentemente tranquilos.