Elizabeth llegó con unos shorts de tela liviana y un canguro negro. Nada más. Sin esfuerzo. Lucía fresca, relajada, y Alejandro se quedó mirándola un segundo de más.
Sin pedir permiso, le vino a la cabeza otra época: cinco años atrás, las meriendas largas, las charlas sobre la empresa, los planes dichos en voz baja. Ella siempre vestida así. Simple. Real. Tan distinta de las mujeres de su entorno, esas que no salían de casa sin estar impecables.
—Bueno… heme aquí —dijo ella, con una sonrisa ape