No es que Elizabeth estuviera tan borracha como para no manejar, pero estaba agotada. Vacía. La pelea con Alejandro —dos discusiones en un mismo día—, el reencuentro, la cachetada, la adrenalina de conocer a Ulises y la desaparición de Dani la habían dejado sin resto. Para su suerte —y, en ese punto, también para la de Alejandro—, Ulises solo había tomado un par de tragos antes de acercarse a ella. Prácticamente no había bebido en toda la noche.
Cuando llegaron al departamento, Elizabeth dormía