Tan pronto como tuvo el celular de Alejandro en las manos, Elizabeth marcó el número de Iván. Un tono, dos tonos…
—¿¡ELI!? ¿ELI, SOS VOS?
—¿¡DANIELA!? ¡TE VOY A MATAR, NENA! ¿SE PUEDE SABER DÓNDE ESTÁS? ¡ME ESTOY VOLVIENDO LOCA! ¿POR QUÉ TE FUISTE SIN AVISAR?
Elizabeth no se dio cuenta, pero estaba gritando. Y mucho. Ulises se reía, completamente fascinado de verla tan alterada, porque sabía que en el fondo ella no estaba enojada, sino asustada.
—Eli, vas a despertar a todo el edificio —susurró