Mundo de ficçãoIniciar sessão— Killian, eu te amo. — Eu sei. — Você sabe o que eu quero ouvir… — Dorme, Amara. Naquela noite, mesmo sem ouvir um “eu também te amo”, Amara Castellari ainda tinha tudo: riqueza, família, amor... Ela acreditava firmemente que o pai, acusado de fraude comercial, era inocente e que todos superariam aquela crise para seguir rumo a um futuro mais brilhante. Porém, no tribunal, o testemunho de seu marido, Killian Navarro, destruiu tudo: — Eu testemunho que o senhor Samuel Castellari realmente participou de atividades ilegais de fraude. O pai foi preso, a mãe fugiu, os bens foram confiscados, o casamento foi anulado à força… Afinal, sua riqueza era suja. Afinal, sua família era culpada, o pai tinha destruído a empresa do avô de Killian usando métodos desprezíveis. Afinal, seu amor não passava de um miragem, o marido nunca a amava. Em um piscar de olhos, ela caiu do paraíso ao inferno. A vida de luxo foi trocada por dívidas, um apartamento úmido e dois trabalhos exaustivos. Ainda assim, no inferno, ela se recusava a deixar de lutar. Mas o inferno não era o fim da queda: Ela estava grávida, mas ele estava noivo de uma herdeira bilionária. Quando Killian descobre a gravidez, impõe um contrato frio: ela terá o filho, ele pagará por isso. Nenhum romance. Nenhuma reconciliação. Apenas posse. Agora, presa em uma mansão dourada, Amara se tornou a amante secreta do seu ex-marido. Mas segredos, como amores mal enterrados, sempre voltam à tona. E quando isso acontecer, ninguém sairá ileso…
Ler mais-Abigail, tu antifaz – le dijo Heather, entregándole la mascara negra.
-Gracias, cariño – ella le sonrió, puso el antifaz sobre sus ojos, y se lo ato detrás de la cabeza.
-¡Salgan ya! – exclamo Arnold, empujando a una de las chicas que estaba en la fila.
Las chicas caminaron hacia el escenario, y entonces todo comenzó, el lugar estaba sumido en el mas absoluto silencio, lo único que se escuchaba era el repiqueteo de los tacones de las mujeres, todo estaba oscuro, y lo único que Abigail podia sentir era su corazón golpeteando con fuerza contra su pecho, tenía el corazón acelerado, igual a todas las noches en que se presentaba ahí, a pesar de haberlo hecho casi por cinco años ya.
De repente, las luces se encendieron y se escuchó un vitoreo fuerte de los hombres que estaban sentados frente a ellas, la música comenzó a sonar, y tanto Abigail, como Heather, como el resto de las mujeres del club, comenzaron a bailar sensualmente.
La melodía era lenta, y exótica, pero, sobre todo, era provocativa, lo que hizo que para Abigail fuera más fácil dejarse llevar.
La chica cerro los ojos, y comenzó a contonear sus caderas, necesitaba sentirse libre, porque lo cierto era que estaba de pie en un escenario usando únicamente unas bragas minúsculas negras y un top de encaje del mismo color, igual de minúsculo, por cierto, eso y el antifaz, era su único vestuario.
Abigail movió sus manos alrededor de todo su cuerpo mientras la música seguía sonando, se acarició a si misma mientras se movía de derecha a izquierda, y entonces abrió sus ojos, mientras sentía las miradas penetrantes puestas sobre su cuerpo.
Lo único que no le gustaba a Abigail de estar ahí, era que no podia ver a los hombres frente a ella desde el escenario, solo podia ver sus rostros si se bajaba de allí y se acercaba a ellos, y aunque eso aseguraba sin duda, un dinero extra, ella muy pocas veces lo hacía, no le gustaba sentirse demasiado vulnerable, y si se acercaba a ellos, entonces podían hacer lo que fuera con ella, en cambio en el escenario, ella podia hacer lo que quisiera consigo misma, podia desnudarse, podia bailar, podia abrir las piernas, tocarse donde se le viniera en gana, pero todo lo hacia ella, con su consentimiento, y ninguno de aquellos hombres podia siquiera acercarse a su cuerpo.
Era una de las ventajas de ser bailarina exótica.
Ella tenia el control de absolutamente todo, de a quien se acercaba, de como bailaba, de donde se tocaba, estaba bajo su mando, y por mucho que aquellos hombres se provocaran, no podían hacer nada para tenerla.
Abigail jamás en la vida permitiría que ninguno de esos patanes la tocara, ella no les dejaría ponerle un solo dedo encima, y esa era su redención, y lo único que la hacia sentir bien en medio de todo eso.
Aunque ella no iba a mentir, Abigail no se avergonzaba de ser bailarina exótica, después de todo, eso era lo que pagaba su universidad, eso era lo que le había permitido vivir dignamente sin depender de su padre, y no iba a disculparse por acceder a la única oportunidad que había tenido en su vida. Por supuesto ella sabia que después de graduarse de la universidad no iba a continuar trabajando como bailarina, de hecho, Abigail esperaba con ansias el día en que tuviera un diploma con el que pudiera ir a buscar un trabajo real, para poder por fin salir de aquello, que, aunque no le desgradaba, no era lo que queria hacer el resto de su vida.
Abigail vio a Heather bajarse del escenario, la vio desparecer entre las sombras del público, y quiso tener un poco de la libertad y seguridad que tenía su hermana menor, asi que, en un ataque desesperado de independencia, y por supuesto, esperando conseguir un par de billetes de dólar más, la chica se quitó el sostén negro que tenia puesto, se acaricio los pechos desnudos con las manos, y mientras caminaba lascivamente se bajo del escenario, a donde estaba el publico exclusivamente masculino.
Dominic, que esa noche estaba entre los presentes, no pudo evitar poner sus ojos encima de Abigail, ella se había robado su atención desde que había salido al escenario usando únicamente un diminuto conjunto de lencería negra y unos tacones altos rojos, el hombre la siguió con la mirada, vio como ella bailaba, la vio quitarse el sostén, y la vio caminar hacia un hombre a su derecha.
Abigail era sensual, y hermosa, y a él siempre le habían gustado las mujeres sensuales y sobre todo, hermosas, Dominic tenía los más altos estándares con respecto a la estética, creía que una mujer debía ser limpia, debía estar siempre bien depilada, debía estar arreglada siempre, aunque eso no significaba que debía tener maquillaje, de hecho a Dominic el maquillaje le molestaba, le gustaban las chicas hermosas naturalmente, y Abigail parecia tener todo lo que él estaba buscando esa noche.
Su piel blanca se veía suave, todo su cuerpo se veía completamente depilado, incluso los pezones rosados de Abigail parecían perfectos, él la necesitaba e iba a hacer hasta lo imposible por conseguirla.
Una vez al año, Dominic se acercaba a la Doll House, el club nocturno en el que estaba, y entonces compraba a una virgen para encerrar en su harem.
Y ese año, ya había hecho su decisión, no necesitaba buscar a nadie mas para saber que la mujer que queria que se fuera consigo, era ella, la chica del antifaz negro, Abigail.
-¿Cómo se llama ella? – Dominic le hablo con su voz profunda, y sobre todo, ronca, al dueño del club, Arnold, que estaba pendiente a lo que fuera que Dominic necesitara.
-Abigail Page – respondió Arnold.
Dominic le hizo una seña para que se fuera, y él lo hizo con respeto, Dominic era el mejor cliente que tenia Arnold, y aunque no lo fuera, ni un millón de años Arnold se atrevería a tratar mal a un hombre como Dominic.
Dominic era poderoso, era fuerte, pero sobre todo, era frio, a Dominic no le temblaba la mano para matar, Dominic era la propia encarnación del demonio, no tenia sentimientos. Él solo andaba por la vida con el único propósito de satisfacer sus deseos, y por desgracia, lo que necesitaba en esos momentos, para satisfacer los suyos, era a esa chica que bailaba sinuosa contra el hombre a la derecha.
-Date la vuelta – le ordeno el hombre a Abigail.
Ella sonrió, y entonces hizo lo que él le dijo, mientras el desconocido metía un billete en la liga en su pierna.
-Ahora tócate – volvió a pedir.
La mujer hizo lo que se le ordeno, paso sus manos alrededor de toda su piel erizada, e incluso permitiéndose ser un poco mas atrevida que de costumbre, se tocó por encima de las braguitas color negro, entretanto el hombre, metía mas y mas dinero en la liga.
Abigail no podia mentir, durante esos segundos en que se movía, y el idiota frente a ella metía cantidades de dinero en su ropa, se sentía la mujer mas poderosa en el mundo, porque ese imbécil le daría lo que fuera con tal de que ella le enseñara un poco más, y eso le hacia gracia, porque ella sabía que a pesar de todo, lo único que no podían hacer, era justamente lo que deseaban, que era tocar su piel virgen hasta los rincones más profundos.
-Déjame tocarte – le pidió el hombre con la boca seca.
Ella sonrió, y negó con la cabeza, alejándose en la dirección opuesta.
Abigail siguió moviéndose y caminando a través de los hombres, hasta que uno en particular llamo su atención, estaba sentado medianamente apartado del resto de las personas, llevaba un traje completamente negro puesto, estaba mirando el espectáculo como si no generase absolutamente nada en él, pero lo mas inquietante de todo, eran sus ojos, y la manera tan fría en la que la miraban, la chica, que estaba a pocos pasos de él, dejo de moverse por un segundo, mientras se mantenía sumida en los ojos de él, casi como hipnotizada, de repente un escalofrió recorrió toda su espina dorsal, aquel sujeto le había dado miedo, sus ojos gélidos la obligaron a apartarse de él.
Abigail salió del escenario, y se metió en los camerinos, en donde tuvo que sentarse para recobrar la compostura, tenia la boca seca, y le costaba incluso moverse, no sabia que era lo que sentía, pero tenia un sentimiento extraño dentro de su pecho, como miedo, como incertidumbre, no sabía que era, lo único que si sabía, era que se trataba de algo retorcido, sin duda alguna.
Mientras estuvo allí, ella no pudo dejar de pensar en el hombre, su imagen se había quedado por completo grabada dentro de su cabeza, la forma en la que estaba sentado, la manera de mirarla, el frio en sus ojos, se sentía como si hubiera visto al mismísimo demonio, y el problema era que ella no sabía que hacer, si salir, para poder verlo nuevamente o correr en la dirección opuesta, huir y alejarse.
Un rato después, el resto de las chicas entraron en el camerino, excepto aquellas a quienes habían contratado para hacer un baile privado, Abigail casi nunca accedía a hacerlos, asi que ella siempre era de las primeras en regresar.
-¿Te fuiste antes? No te vi en el cierre – le pregunto Heather sentándose en el taburete a su lado, y quitándose el antifaz morado.
-Si, tuve que salir antes – contesto ella, saliendo de su aturdimiento,
-Abi, ¿Estas bien? ¿te sucede algo? – le preguntó a Abigail que se veía pálida y más blanca de lo que ya era.
-Si … no – respondió confundida - ¿Viste a ese hombre que estaba allá afuera?
-¿Cuál de todos? – se burló Heather.
-El que estaba apartado del grupo, el hombre de negro.
-Debes estar hablando de Dominic Salvatore – otra de las chicas, que había escuchado la conservación, se acercó y contesto.
-¿Quién es ese tal Dominic? – inquirió Abi.
-Nadie sabe nada de él, solo sabemos que viene una vez al año, y que se lleva a una chica consigo, nadie sabe para qué, o porque, el hombre es por completo un enigma.
-Nadie es demasiado misterioso – resoplo Heather.
-Él sí, es un hielo, impenetrable, lo único que esta claro con respecto al hombre es que es frio, y dicen que muy cruel, lo llaman el diablo encarnado – la chica se rio – aunque si él de verdad fuera el diablo, a mí no me importaría seguirlo, ¿Han visto ya lo guapo que es?
Abigail sintió que la cabeza le daba vueltas, eso era justamente lo que ella había pensado de él, que era el diablo.
-¿Cómo es que yo no lo había visto antes? ¿Por qué no se quiénes son las chicas a las que se ha llevado antes? – le pregunto Abigail a la morena que terminaba de cambiarse de ropa.
-Por alguna razón Arnold nunca quiso que ustedes estuvieran aquí la noche en que él venía, hasta este año.
-¿Qué cambio?
-No lo sé, eso tendrán que preguntárselo a su padre – respondió la morena.
Abigail y Heather se miraron durante un par de segundos, pero Heather, que era más bien tonta, le resto importancia y comenzó a peinarse el cabello, sin embargo Abigail no podía dejar de pensar en él, y en porque Arnold, su padre, dejo que ellas actuaran esa noche en que Dominic estaba presente.
Lo que Abigail no sabia era que justamente a una habitación de distancia, Dominic le estaba ofreciendo a su padre mucho dinero, para comprarla a ella.
POV AmaraO hospital nunca pareceu tão claro.Não é que ele tenha mudado, são os mesmos corredores brancos, o mesmo cheiro insistente de antisséptico, o mesmo som distante de passos apressados e monitores apitando. Mas hoje… hoje tudo parece diferente. Como se o ar estivesse mais leve. Como se o mundo tivesse, finalmente, decidido me dar uma trégua.Hoje eu vou buscar meu filho.A ideia ainda parece irreal demais para caber inteira no peito. Ela vem em ondas: primeiro uma pontada de ansiedade, depois um calor que sobe pelos olhos, depois um sorriso que eu não consigo conter. Mateo vai sair daqui. Vai respirar outro ar. Vai conhecer o mundo fora das paredes frias da UTI neonatal.— Respira — Sabrina diz ao meu lado, percebendo minhas mãos inquietas. — Você vai acabar arrancando a alça dessa bolsa.Olho para baixo e percebo meus dedos apertando o couro como se fosse uma âncora. Dou uma risada curta, nervosa, e solto.— Desculpa… eu só… parece que se eu piscar, isso some.— Não vai — Eli
POV KillianA manhã nasce cedo demais. Crua demais. Clara demais para alguém que passou a noite inteira brigando com a própria consciência.O espelho do banheiro me devolve um homem funcional por fora e em ruínas por dentro. Terno impecável. Mandíbula travada. Olhos que não dormiram, não por falta de tempo, mas por excesso de lembrança.Amara.O nome dela ainda pulsa como uma infração recente. Um erro delicioso. Uma verdade inconveniente.Engulo o café sem sentir o gosto e sigo para a empresa porque é isso que homens como eu fazem quando não sabem lidar com o que sentem: trabalham. Fingem controle. Se escondem atrás de decisões estratégicas e planilhas frias.O prédio me recebe com seu mármore arrogante e seu silêncio corporativo. Aqui, tudo é poder, aparência, jogo limpo só no discurso.Entro na minha sala. Jogo a pasta sobre a mesa. Abro o notebook. Tento focar. Não consigo. Porque eu sei. Eu sinto.E quando a porta se abre sem aviso, eu não preciso olhar para saber quem é.— Bom di
POV Killian O quarto está mergulhado em um azul escuro, aquele que só existe nas horas mortas da noite, quando a cidade lá fora finalmente desiste de fazer barulho.Ela está por cima de mim. Apenas de calcinha, um tecido preto tão fino que parece uma segunda pele, quase uma sombra. Eu estou apenas de cueca. Entre nós, apenas essas duas barreiras insignificantes, úmidas agora, coladas pela tensão e pelo calor. Não há espaço para mais nada. Não há espaço para ar, para pensamento, para arrependimento. Há apenas a fricção.Começou devagar. Um beijo que era um pedido de desculpas e uma declaração de guerra ao mesmo tempo. Beijos que não pediram licença, que tomaram posse, que reviraram memórias adormecidas com a violência de um terremoto. Mãos que, no escuro, se reconheceram como se nunca tivessem se soltado. Meus dedos encontraram a curva da sua cintura, o sulco da sua coluna, o contorno do seu ombro, e foi como ler braille. Cada cicatriz, cada curva, cada imperfeição era um capítulo da
POV AmaraA maçaneta gira.O som é baixo, quase tímido, mas o impacto é brutal. Meu corpo inteiro reage antes da mente. Eu viro, rápido demais e ele ainda está ali.Killian.Parado no corredor, como se nunca tivesse ido embora. Como se a porta fechada tivesse sido só um intervalo. Os olhos dele encontram os meus e, naquele segundo suspenso, tudo o que eu tentei organizar dentro de mim simplesmente desmorona.— Eu não consegui. — ele diz, baixo. Honesto demais.Meu coração bate tão forte que dói.— Killian… — começo, mas a palavra morre antes de virar frase.Ele avança.Não é agressivo. Não é brusco. É decidido. Como alguém que já perdeu demais para recuar agora. A porta se fecha atrás dele, e o clique da fechadura soa como um ponto sem volta.As mãos dele seguram meu rosto com cuidado, como se eu fosse algo frágil demais para o peso do mundo que ele carrega. Ele me olha nos olhos por um segundo longo, silencioso, carregado de tudo que nunca foi dito.— Me afasta se você quiser. — murm
POV AmaraEu precisava de ar.O bar estava quente demais, barulhento demais, cheio demais de sentimentos que ainda não tinham onde pousar. Saí pelo corredor lateral, empurrei a porta pesada e deixei a música morrer atrás de mim. A noite me abraçou com um vento fresco, quase gentil.Foi aí que eu vi.O carro.Preto. Discreto. Impossível de confundir.Meu estômago afundou antes mesmo de meu cérebro aceitar.Killian.Ele estava estacionado do outro lado da rua, meio escondido pela sombra das árvores. Os faróis desligados. O motor desligado. Como alguém que não queria ser visto, mas também não conseguia ir embora.Meu coração começou a bater mais rápido. Não de susto. De reconhecimento. De tudo que ainda doía.Eu atravessei a rua sem pensar muito. Cada passo parecia mais pesado que o anterior. Quando cheguei perto, vi a silhueta dele curvada sobre o volante, a testa apoiada nas mãos. Sozinho. Quebrado. Humano demais para o homem que ele fingia ser.Bati no vidro.Toc. Toc.Ele se sobressa
POV AmaraA música muda sem pedir licença. O DJ parece ter uma sensibilidade cruel para o momento exato em que o coração está exposto demais. O ritmo desacelera, a batida fica mais profunda, mais íntima. O tipo de som que não aceita mentira.Dominic percebe antes de mim.Ele não me puxa. Não me prende. Apenas encurta a distância com cuidado, como se estivesse pisando em vidro.— Amara… — ele diz, baixo. A voz não treme, mas carrega algo que pesa. — Posso falar com você?Eu já sei que não é uma pergunta. É um pedido.Assinto devagar. Meu corpo continua se movendo no ritmo da música, mas minha mente dispara. O bar some aos poucos. As luzes ficam borradas. As vozes ao redor viram ruído.Fica só ele.Dominic Navarro. O homem que entrou na minha vida como abrigo quando eu estava em guerra. O homem que nunca tentou me possuir, nunca me pressionou, nunca me cobrou nada além de honestidade.Talvez por isso doa tanto.— Eu sei que talvez não seja o lugar certo — ele começa, mantendo os olhos n





Último capítulo