Mundo ficciónIniciar sesiónVivienne Leigh es fea, gorda, está en la ruina y acaba de quedarse sin trabajo. Su vida sólo parece un cúmulo de desgracias cuando además a su madre se le ocurre casarla por conveniencia con un hombre repugnante. Pero convencida de que esa no es la única solución, rechaza el matrimonio y jura que conseguirá un nuevo empleo. El problema es que termina trabajando para Caleb Blackwood, un infame mujeriego al que le importan más los pechos y traseros de sus empleadas, que su intelecto. Vivienne tendrá que convencerlo de lo capaz que es. Aunque termina convenciéndolo de más, porque ¡su nuevo jefe cree que ella es la esposa ideal para convertirlo en la cabeza del imperio empresarial Blackwood! Por más que quiera negarse, no tendrá caso. Caleb es un hombre oscuro y peligroso que está buscando a su hermana perdida años atrás, y al que no le cuesta chantajear a una presa fácil como ella para sus propósitos. Y otro detalle: ¡Ella lo vio cometiendo un crimen y ahora es un testigo! ¿Casarse o morir? ¿Cuál camino escogerías tú?
Leer másSoy arrancada brutalmente de mi sueño por los gritos de mi madre. Antes de que pueda abrir los ojos o hablar, está quitándome el edredón de encima y dejando mi cuerpo expuesto al aire gélido de mi habitación.
—Te doy diez minutos. ¡Date prisa y arréglate! — exclama agitada y viéndome de arriba a abajo — Aunque tampoco haya mucho que valga la pena arreglar.
El desprecio que mi madre siente hacia mí, no es algo nuevo, ni sorprendente. Lo que sí me lo parece es que esté hurgando en mi armario y tirando varios vestidos encima de mi cama.
—Ponte lo más caro que tengas, lo que más disimule tu gordura — vuelve a exclamar — ¡No dejes que esos muslos de elefante se vean tan evidentes! ¡Tus joyas! ¿Dónde están? ¡Distráelos con esas!
—¿Las joyas que empeñaste el mes pasado? — digo agotada, eran las siete de la mañana.
Eva me fulmina con la mirada y exige que cumpla con su petición con más gritos que taladran mis oídos. No tiene caso desafiarla, ni contradecirla, me limito a alistarme lo más decentemente que puedo y obedecerla. Pero al llegar a la sala y ver sentados a dos invitados desconocidos para mí, tengo una respuesta amarga.
De la mujer de edad avanzada, se desprende un perfume asfixiante y capaz llenarme los pulmones. Del hombre, no tengo palabras gratas tampoco, no sólo me dedica una mirada lasciva y asquerosa, sino que su apariencia es desafortunada.
Sus orejas y nariz resaltan de su pequeña cabeza, mientras que su chaqueta no parece cerrar adecuadamente por ser tres tallas más pequeña de lo que debería.
—Mi hermosa Vivienne, hija, acércate. No hagas esperar más a nuestros honorables invitados — habla mi madre con tono amable — Considerar unir nuestras familias en matrimonio, qué gran bendición sería esa.
Un balde de agua fría me termina de despertar.
Esto era una cita a ciegas sorpresa. Me siento a duras penas al lado de mi madre.
—No es que sea el mejor trato para mi hijo, pero, su apellido es respetable y tu hija tiene una cara bonita. No mucho, lo suficiente — critica la mujer.
—Sí, lo sé. Sacó mi mejor atributo, mis ojos — sonríe hipócritamente mi madre tocando mi pierna — ¿Volvemos al tema de la dote? ¿En cuál número fue que quedamos?
Mi madre había pautado una cita a ciegas con el peor espécimen que pudiese conseguir sobre la faz de este planeta. Pensar en casarme con un hombre que no conozco, y que no para de lamer su labio inferior viendo a mi pecho, me hace querer vomitar.
Cuando mi madre escucha que están dispuestos a ofrecer 200.000 por “mi dote”, sí, por ese concepto anticuado y que es una forma elegante, de decir que me está vendiendo, casi salta de la emoción del mueble. Aunque finge compostura y elegancia. Parecía que, si fuese por estas dos mujeres, mañana mismo me casaba sin contar con mi aprobación primero.
—¿Qué te parece esta? ¿Estás satisfecho, querido? — pregunta la mujer a su hijo.
Asiente el hombre haciendo rebotar la grasa de su papada.
No lo soporto más.
—La que no está satisfecha aquí soy yo. ¡No me voy a casar con su hijo, señora! — grito dejando ir la ira acumulada en mi estómago.
El rostro de la mujer se alarga de inmediato. El de mi madre palidece.
—Tu hija, además de vieja y gorda, es estúpida. No sabe apreciar una oportunidad mejor que la que se merece — asegura la mujer — No conseguirá un mejor esposo que mi hijo, que es enormemente exitoso.
Quiero contestarle como mil insultos, pero Eva interpone su brazo entre ella y yo, para que me calle.
—Vivienne está alterada por la rapidez de todo. Hablaré con ella con más calma… — intercede avergonzada mi madre.
Eva da mil excusas y una que otra ofensa a su hija estúpida, mientras escolta a los honorables invitados a la puerta. Sé lo que viene cuando vuelve a acercarse a mí después de tirar la puerta de un golpe.
—¡De verdad no sirves para nada! — vocifera Eva — ¡Tienes 28 años, estás tan gorda que no puedes casarte y ahora ni siquiera puedes conservar un trabajo, ¿no te da vergüenza?!
Acababa de perder mi trabajo porque mi antiguo jefe se quiso propasar conmigo. Lo terminé abofeteando y dándome a respetar. Pero eso me había convertido en una desempleada más del mundo.
—Mamá, renuncié porque mi jefe me acosaba en pleno horario laboral. ¡No porque quisiera! — me defiendo.
—¿No te cansas de mentir? ¡Mírate en el espejo, qué hombre te va a estar deseando! Claramente fue una excusa porque no estabas capacitada para el puesto, y te despidieron por incompetente — asegura Eva.
Las palabras de mi madre, esas que son como espinas que se clavan en mi piel, consiguen su propósito, el hacerme llorar. Ella lo debía saber, lo mucho que me he esforzado durante toda mi vida para sentirme lo suficiente.
Se suponía que ella debía ser la persona más cercana a mí después de la muerte de mi padre. Ofrecerme consuelo y refugio, pero al mi padre morir, la verdad es que me quedé más sola que nunca en este mundo de m****a.
Limpio mis mejillas de las lágrimas furtivas. No era momento de rendirme.
—¡Encontraré un mejor trabajo y te comprobaré que no soy una incompetente! — me defiendo.
Eva me da una sonrisa ladeada y despectiva. Era hermosa, la mujer más hermosa que pudieses conocer, pero que tuvo la desgracia de casarse con un hombre que perdió su fortuna y la dejó con una hija fea y gorda como yo.
—¡Más te vale! Si en tres días no consigues nada, tendrás que ir a casarte. Malcriada — espeta dejándome desolada y agobiada.
Narrado por Caleb BlackwoodUna vez llegué a creer que estaba tan roto que no sería capaz de amar a nadie más. Pero ya después llegó a mi vida Vivienne, demostrándome que era capaz de amar a alguien que no fuese de mi sangre. Fui capaz de enamorarme de una mujer, y ahora que el tiempo ha pasado, sé que no tenía forma de escapar de la trampa del amor con una mujer como ella a mi lado.Vivienne es simplemente todo lo que yo no soy. Tiene un corazón de oro, es racional, es centrada, muy inteligente en lógica y sentimientos, y algo muy importante, me ama. Me ama más de lo que yo nunca he llegado a amarme. Lo que ella diga, se hará, porque a este nivel confío más en su juicio que en el mío propio.Pero esto de ser padre, ha sido más complicado de lo que hubiese pensado. Quise embarazar a mi esposa para retenerla a mi lado. Las mujeres están condicionadas a estar con el padre de sus hijos, ese es un lazo que nunca se podrá borrar. Aun así, al nacer Patrick, me di cuenta de que ese capricho
9 meses después Dicen que el tiempo transcurre como agua entre los dedos cuando lo disfrutas, y así ha sido este tiempo de mi vida. Viví mi embarazo de una forma tan linda y tranquila, que me cuestioné si alguna vez la existencia del innombrable realmente le pasó a los Blackwood. Parecía más un cuento de terror para asustar a los niños que una realidad.Desde su partida, la armonía empezó a dominar esta familia, y los que una vez fueron enemigos, se convirtieron en aliados, en amigos, en gente que se demostraba afecto con sus acciones. El tumor había sido extirpado y el cáncer no había regresado más.Algunos llegaron a decirme que yo fui la responsable de ello, que fui el detonante de la caída de Stewart. Pero sigo considerando que me dieron más crédito del que merecía, yo sólo llegué a esta familia por accidente, y por ese mismo accidente me enamoré de Caleb.Lo que sí no había sido un accidente fue la concepción y el nacimiento de nuestro pequeño Patrick. El primer bebé de esta nue
Me cuesta respirar y mantenerme calmada ante la imagen que estoy teniendo frente al espejo. Llevo puesto mi vestido de novia de corte imperio, ese que Martina quien es mi madrina de bodas, está arreglando su cola. La estilista le está dando los últimos toques a mi maquillaje, mientras que la fotógrafa está inmortalizando este momento.—Eres la novia más hermosa que he tenido la oportunidad de ver, amiga — dice Martina abrazándome por detrás en una gran sonrisa.—¿Estás segura de eso? Hasta ayer tuvieron que hacer más grande mi vestido porque no paro de ganar peso con el embarazo — digo con temor.—¿Y qué tiene Vivienne? ¿Juzgarías a una mujer con cuatro meses de embarazo por ganar algunos kilos? — me cuestiona.—No, sabes que no.—¿Entonces por qué sigues siendo tan dura contigo misma? Eres preciosa, por dentro y por fuera, no importa cuánto peses — asegura mi amiga.Esa que me hace llorar más temprano de lo que debería. Duré muchos años creyendo que nunca sería capaz de recibir amor
Narrado por Caleb BlackwoodMe cuesta caminar completamente erguido mientras entramos en el salón de la funeraria donde tienen en ese altar rodeado de flores, un retrato de Stewart y sus cenizas. Se siente irrealistas y como si fuese un sueño, el sueño más lindo y plácido que haya tenido hace mucho tiempo.Pero éste es el juego de las apariencias. Como es de esperarse, las caras largas y las lágrimas falsas abundan en este espacio con gente vestida de luto. Avanzo con lentitud, usando como muleta a mi esposa, y no tardamos en ser el centro de muchas miradas indiscretas.Sé que antes de mi llegada o la de alguno de mis familiares, debieron estar comiendo nuestras espaldas con todo tipo de rumor, pero eso es lo de menos en este momento. En ese donde me uno a mi madre, que me mira entre el asombro y el regaño al ocupar un asiento a su lado.—Vivienne — decide hablarle a ella, no a mí — ¿Me puedes explicar por qué le dijiste de este servicio? Caleb debería estar descansando.—Hola mamá, p





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