Narrado por Caleb Blackwood
Esa maldita fiesta no tenía que terminar cómo terminó. La única carta salvaje debía ser Eva, que no me decepcionó al llegar del brazo de Stewart, aun así, mi madre la supo controlar el resto de la noche. No dio mayores problemas.
Pero, quién sí me dio problemas para tirar al cielo, fue Vivienne. Reflexiono sobre su actitud hacia mí, su insistencia en no dirigirme la palabra a pesar de haber pasado tres días de esa noche. Tengo los pies montados en mi escritorio, y la