Saco inquieta el último vestido de mi armario sintiéndome abrumada y perdida. El tiempo me juega en contra, tenía que ir al hotel Waldorf en una hora y no encontraba qué ponerme. Este era un hotel de lujo en el cual me juzgarían si iba mal vestida, pero no sabía que ponerme para lucir presentable.
—¿Por qué te importa qué ponerte? ¿Para dónde saldrás esta noche? — pregunta mi madre en la puerta de mi habitación.
Eva no sabía el acuerdo que había hecho Caleb. Ni quería contarle todavía. Todo es muy incierto todavía. En mi cabeza todavía tengo la ilusión de que madre e hijo se hayan arrepentido de este estúpido plan.
—Saldré con Martina, una cena en un sitio elegante — miento sobre la marcha.
—¿Una cita con la solterona esa y te preocupa qué ponerte? ¿Por qué te la quieres dar de lista con tu madre? ¿A dónde vas? — interroga de brazos cruzados.
Me vestía para cubrir las inseguridades de mi cuerpo y corazón, no para sentirme bonita. Creo que nunca podré llegar a hacerlo del todo. Eva sab