La mañana después de esa noche abominable, desperté en esta misma cama sin ganas de levantarme o seguir existiendo. Y no lo he hecho, no he salido de mi habitación por los dos últimos días. Esta es una nueva mañana desconectada del mundo, en la que poco a poco recupero mi voluntad para enfrentar la dolorosa realidad.
Algunas lágrimas caen por mi cara al recordar la verdad. Simplemente, debo estar maldita. Alguien tuvo que echar una maldición en mí, porque todo lo que amo termino perdiéndolo. Cr